martes, 31 de marzo de 2015

Adiós, Marzo. Otra vez.

Se fue con algo de satisfacción, aunque con algo de pesar, este mes.

Dí un paso pequeño para algo que estoy esperando desde hace tiempo.

Una bella amistad se terminó, en parte por mi culpa y debo aceptarlo.

Se finalizó mi evento con buenas impresiones, con algo de ganancia, pero faltan detalles menores para dejar todo al día.

Disfruté de una excelente velada musical durante el puente festivo, pero no he hecho el deber de compartirla como corresponde.

Hay algunas noticias en el aire.

Y así, despedí este mes.  Con ocupaciones, con el sueño de volver a surgir como el Fénix.

Así, cierro el ciclo compuesto por ese año trigésimo que cumplí.  Es hora de pensar en el siguiente y en lo que viene.  Ya estamos en Semana Santa y hay que cumplir deberes.  Habrá tiempo para el recogimiento.  Y bueno, hay que iniciar este Abril con ganas y mucha energía.

lunes, 30 de marzo de 2015

El pasillo colombiano.

Hace algunos días, recordé las ocasiones donde interpretábamos pasillos, y siempre quise averiguar cuál es el origen de este precioso ritmo nacional.  Algo supe durante mi estancia en la Banda, pero de una forma muy general.

El pasillo es una evolución del vals europeo, donde, a cambio del ritmo parsimonioso del citado, es mucho más rápido y vertiginoso, agotando -literalmente- a los bailarines.  Aún así, se convirtió en un símbolo musical del mestizaje en América.  Existen dos variantes, el fiestero, que es el más popular, y el lento, que es más propio de los cantos de enamorados y de nostalgia.

En nuestro país ambas variantes son muy interpretadas, no solo por grupos de cuerdas, sino por bandas sinfónicas e intérpretes solistas.  El pasillo está presente en todo el país, con algunas variantes instrumentales conforme a la región, pero es en la Región Andina donde se ha hecho prácticamente autóctono, tanto, que en algunas interpretaciones no es fácil diferenciarlas de un bambuco.

Quiero compartir con ustedes algunos pasillos colombianos, los que recuerdo con mayor cariño, gracias a mi experiencia musical.

"El Cafetero"

Este pasillo fue compuesto por la nariñense María de la Cruz "Maruja" Hinestroza de Rosero a sus catorce años de edad, es uno de los "himnos del alma" del Eje Cafetero y de todos los cafeteros de Colombia.  El tema fue estrenado en un Congreso Nacional Cafetero realizado en la ciudad de Pasto.  La interpretación que compartiré, es del gran músico colombiano Jaime Llano González.



"Patasdilo"

Carlos Vieco Ortiz fue un músico antioqueño nacido en Medellín en 1900, fallecido en la misma ciudad en 1979.  Su obra más reconocida es este pasillo movido y bastante difícil de interpretar, compuesto en homenaje a una persona apodada así, "Patasdilo".  Es el tema de apertura del programa de Caracol Radio "Así canta Colombia", dirigido y presentado por Gabriel Muñoz López.  Esta interpretación corresponde a una banda sinfónica dentro del Festival Nacional de Bandas Infantiles, que se realiza en el Departamento de Caldas.



"Cachipay"

Emilio Murillo Chapul fue un músico boyacense, nacido en Guateque en 1880 y fallecido en Bogotá en 1942.  Fue discípulo de Pedro Morales Pino, fue un gran tiplista y compositor y fue un abanderado de la música colombiana en el mundo.  Este tema, además, es el himno oficial del municipio ídem.  Comparto esta interpretación de Jaime Llano González.



Así, con esta breve muestra de nuestra música, los dejaré por el día de hoy.  ¡Disfruten estos maravillosos temas!  ¡Nunca olviden sus raíces!

domingo, 29 de marzo de 2015

Reguetón, asqueroso reguetón.

De los géneros musicales que no suelo escuchar, hay uno que me irrita tanto que me provoca incluso cáncer ótico, en serio.  Es que ni el vallenato, ni los corridos, ni la llamada "música de despecho" logran tal fin; bueno, al menos esos tres géneros los tolera mejor mi fina audición.

Me refiero al reguetón, ritmo nacido por allá en Panamá a finales de 1970 y popularizado de forma viral y peligrosa por toda América Latina hasta nuestros días.  Sus letras dan asco, en serio, eso es peor que tener solamente canales pornográficos en la televisión y por eso mismo le bauticé como "música porno".

¿No me creen?  Listo, les doy razones.  ¿Han leído por pura curiosidad alguna letra de reguetón?  Esas dicen porquerías como "perrea, mami, perrea" o "te voy a llenar el cubo de leche".  En serio, eso es más explícito y obvio que la tabla del uno.  ¿Qué me dicen de las pintas, de los videos, de los temas que tratan?  Claro, una que otra excepción habrá, pero desgraciadamente el reguetón se llenó de estereotipos y de valores negativos que no causan gracia para escucharle; considero que eso no aporta ni un grano de arena a una sociedad.

Es implícito decir que no me simpatizan esos tipos llamados Don Omar, ese tal Daddy Yankee, Héctor y Tito, entre otros nombres de ese género musical.  Cambio la emisora, trato de huir del lugar, escucho mi música o duermo si en algún sitio se les ocurre maltratarme la audición así.  Insisto, en serio, no puedo con eso y sé que muchos de mis amigos, conocidos y paisanos no se aguantan ni por el Chiras esa cuestión.

Sé que otros tantos amigos, conocidos y paisanos les gusta ese género, y he dicho que no puedo defenestrarlos por ese detalle.  Si no se puede cambiar la música, pues habrá que bajarle el volumen al radio y que solo los que estén interesados escuchen, caso específico de algunos conductores del servicio público.

En fin, me he manifestado en contra del reguetón y considero que no lo tendré nunca en mis listas musicales, olvídense de eso.  Yo no voy a apoyar valores negativos a través de la música.

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Definitivamente en este mundo se encuentran motivos para agradar al pueblo, así uno no comulgue con los gustos ajenos.  Pero, en serio, ¿quieren que comparta algo de reguetón?  Solo por esta vez voy a dar ese gusto.

Aquí va.  ¡Esto sí es reguetón!  ¡Diviértanse!

sábado, 28 de marzo de 2015

Robando tiempo.

Critico mucho, hasta rozar la visceralidad, ciertas conductas de algunos árbitros que conozco a la hora de realizar su labor, en especial cuando se trata de hacer cumplir las premisas básicas de los reglamentos de juego.

El título de este texto lo dice todo.  A los árbitros les gusta robar tiempo.  Quieren salir temprano de los compromisos, como los malos oficinistas.  Cobran duro y aparte de eso se creen más que los mismos organizadores.  Subestiman sus herramientas, subestiman a la gente que está dentro del campo y fuera de él.  Ignoran que el público, que puede ser muy ignorante en muchas cosas, no es para nada pendejo y gusta de ver que el espectáculo sea agradable y que el marco que lo rige, sea el más correcto posible.

Cuando hice parte de un grupo arbitral, detesté de sobremanera que me hicieran robar tiempo.  Por esa razón, decidí dejarlos, me irritó mucho esa actitud.  No me parece justa con nadie.  Los compañeros y amigos que hice a través del deporte saben que soy honesto y lo suficientemente justo como para irrespetarlos con esa conducta.  Incluso, cuando he organizado eventos, he tenido algunas discusiones con varios árbitros por eso, hasta me ha tocado pararme en la raya y decirles que su conducta no es para nada correcta.
 
En mi último evento, tuve que terminar varias fechas bastante tarde, porque los partidos se jugaron en escenario abierto. Por supuesto, me aburría, me daba sueño, quería irme a casa, pero el reglamento es más claro que la leche y lo mínimo que debo hacer es respetarlo. En algún momento se me fueron unos cuantos segundos por no estar pendiente del reloj, para mi fortuna no afectaron el desarrollo de esos partidos. Los médicos también se mueren, dice el refrán.

Hoy vi la tapa. En un torneo departamental, los árbitros cumplieron a cabalidad todo lo que cité en los primeros párrafos. No quisieron usar el tablero electrónico que se les facilitó, aduciendo no saber usarlo, cuando aprender a usarlo no tarda más de quince minutos. En todos los partidos se robaron entre dos y cinco minutos por cada periodo. En fin... A mis compañeros entrenadores les faltó mucha malicia para manejar estas situaciones y se los hice saber, porque hasta en Intercolegiados he visto esas mañas.

Cada ocasión que transcurre confirmo que el juzgamiento deportivo solo es justo cuando les conviene, no en todo momento, como debería ser. Uno entiende que hay momentos, pero los reglamentos no contemplan los momentos, contemplan el juego. Y así entiendo yo mi juego.

viernes, 27 de marzo de 2015

Viajando por un sueño.

Hoy decidí viajar a Bogotá, luego de recuperarme un poco del trajín de mi evento.  La idea era concretar una propuesta combinada con oferta de trabajo que se había realizado en Anapoima en mi ausencia, pero de la cual supe instantes después, porque realmente me interesa.

Madrugué con algo de nerviosismo, y no pude dormir porque me puse a hacer charla con la persona que me transportó.  Ya llegando a Bogotá, el sueño me traicionó y alcancé a "cabecear" unas cuatro veces.  En el Terminal me desperté completamente, desayuné, hice algo de tiempo y antes de las ocho y media fui a cumplir mi compromiso.

Por poco no me atienden, estaban a pocos minutos de iniciar una reunión importante.  Supliqué para que pudieran atenderme unos minutos y logré ser atendido.  La respuesta fue obvia, me esperaban, pero no hoy.  Comprendí todo e hice el deber de ser más concreto que de costumbre.  Pacté el siguiente encuentro para después de Semana Santa, no sin antes dejar unos puntos en los que se estuvo de acuerdo.

Salí de ahí con alegría y con la ilusión de algo tangible, una respuesta pronta, aunque temporal a toda esta serie de problemas que me han aquejado durante años.  Ojalá todo eso sea realidad.

El resto del viaje consistió en un paseo de salud por Chapinero, observando novedades y cosas así, para llegar a la Piloto, donde realizo mi acostumbrada parada técnica.  Salgo y voy al centro para averiguar por dos encargos que tengo pendientes, ninguno estuvo listo, aunque debo decir que si no es porque no quería tener contratiempos en el regreso -y de paso, quedarme-, podía tener uno de ellos en las manos.  Decidí esperar hasta después Semana Santa para esos detalles.

A casa llegué medianamente temprano y con bastante sueño, pues el cansancio me ganó en la misma Bogotá.  Con los restos estoy escribiendo este texto.

Dentro de mi propia forma de pensar, creo que nunca arriesgo lo suficiente, creo en aquella frase del no montar la bestia antes de ensillarla.  Aún más, con los recuerdos de lo sucedido el pasado Septiembre.  Hoy, demostré que en algún lado, hay una luz de esperanza.  Insisto, ojalá todo eso se convierta en realidad.