De los gratos y sufridos recuerdos que me dejó mi paso por el Colegio Departamental Integrado de Anapoima fue una asignatura que generalmente se ve en colegios técnicos, denominada "Mecanografía". Esta asignatura, dictada por la profesora Isabel Baquero, recordada por su difícil temperamento en diversas ocasiones, fue el sufrimiento para varios estudiantes de mi generación, inclusive para mí, pues me costó mucho aprender a mecanografiar con cierta propiedad.
Recuerdo bien que el colegio tenía un salón destinado para Mecanografía, con sus mesas y por supuesto, con sus máquinas de escribir. Al poco tiempo, al crecer la cantidad de estudiantes y al deteriorarse las mesas, se tomó la decisión de que se practicaría en los salones de clase, con las máquinas encima de los pupitres. Yo, antes de ingresar a Sexto, recibí de regalo de cumpleaños una máquina muy bonita -la conservo, y eso que mi mamá me intentó jugar una broma de muy mal gusto con eso- y mi hermana consiguió la suya gracias a una tía; éramos de los pocos que traíamos nuestras propias herramientas a clase.
Con todo eso, sufrí mucho para realizar los trabajos y adaptar mis manos a la postura exigida -las dos manos sobre la línea ASDF-JKLÑ-, sacándome muchas rabietas al límite de las lágrimas, malgastando papel bond y hojas de corrector e incluso, pidiendo ayuda para poder presentar las carpetas con las lecciones. Tardé casi dos años y medio para aprender a digitar sin mirar el teclado, pues me costó incluso trabajar con el papel encima de mis manos o con los trozos de cinta aislante pegados sobre las teclas.
Esa mañana de miércoles o de jueves, lloré inconsolablemente porque no podía, mientras mis compañeros hacían todo muy bien. Una estampita de María Auxiliadora, me calmó e hizo que sacara fuerzas de donde no podía y logré adaptarme al teclado. Superé con suficiencia lo que restó de año y el Noveno, donde ya supimos todos que no volveríamos a recibir esa asignatura. Pero, el recuerdo quedó y dejó muchas cosas buenas.
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A comienzos de año, descubrí en los equipos de cómputo de mi colegio una aplicación denominada MecaNet, la cual permite aprender mecanografía a través de los mismos, y con varias ventajas, no se gasta papel, mucho menos corrector, y no se necesita llevar una máquina de escribir al colegio. La misma tecnología ha hecho obsoletas las máquinas de escribir, pero ha hecho necesarias las impresoras para hacer tangibles los escritos en los procesadores de texto. Y ni se diga del famoso libro "Mecanografía Gregg", editado por la McGraw-Hill y de necesaria consulta y uso dentro de las clases de secretariado de finales del Siglo XX.
Gracias a la existencia de los teléfonos móviles, los jóvenes se dedicaron a usar solo dos dedos, sus pulgares, descuidando la necesidad de aprender a digitar con todos los diez dedos que les dio la vida. Como soy consciente de las necesidades de la comunidad donde resido, valoré que estos jóvenes deben aprender a digitar para poder seguir con los temas que conozco de la Informática, porque no es justo que ellos no sean capaces de hacer algo que pueda sacarlos de la pobreza y porque deben ser agentes de cambio positivo para sus comunidades. Si yo pude aprender, así me haya tomado el tiempo necesario para hacerlo, ¿por qué ellos no?
Espero que en vez de dejarse obnubilar por los vicios de la Internet, estos jóvenes que tengo a mi cargo sepan de una buena vez que estas clases les servirán para la vida, porque no tendrán dinero siempre para pagarle a alguien que les digite una carta y tampoco podrán redactar sus documentos académicos con propiedad. Por estos conocimientos sigo vivo y estoy aquí, y no es por nada, ni por agrande, que por los mismos, la gente me busca y he podido salir adelante con mis proyectos.
Gabriel Omar Batistuta Zilli, fue un excelso futbolista nacido en la población santafesina de Reconquista, un día como hoy, hace cincuenta años. En sus inicios deportivos, prefería el baloncesto gracias a su estatura, pero la victoria de su país en el Mundial de 1978, lo hizo cambiarse al fútbol, donde en un seleccionado local aportó para la victoria ante un equipo juvenil de Newell's Old Boys, dirigido por un tal Marcelo Bielsa.
Bielsa, sobre quien el mismo Batistuta afirmó que fue la persona que más influyó en su carrera, lo fichó para Newell's y por consiguiente, se mudó a Rosario, dejando atrás a su familia y al amor de su vida, durmiendo en un cuarto en el estadio y con algunos inconvenientes con su peso corporal. Sobre ese último asunto, hay una anécdota consistente en que Bielsa motivaba a Gabriel Omar con una caja de alfajores, su dulce favorito, cada vez que lograba una determinada cantidad de goles en cada partido, controlando así su desorden alimenticio.
Fue cedido al Sportivo Italiano, donde destacó en una competición internacional en Italia, para volver a "La Lepra" y anotar diez goles. De ahí, partió a River Plate, donde no figuró, y en un movimiento entre polémico y curioso, llegó a Boca Juniors, donde anotó diecinueve goles. Es uno de los pocos jugadores que ha vestido las camisetas de los dos clubes más emblemáticos de Argentina.
En 1991, después de contribuir al título de la Copa América realizada en Chile, la Fiorentina se hizo a sus servicios, pero sus goles no evitaron el descenso de la "Viola" a la Serie B en 1992; pero sus dieciséis goles hicieron posible el retorno a la élite italiana en el siguiente año. Hasta el año 2000, "Batigol" llenó de alegría los corazones de los hinchas violetas, anotando la friolera de 207 goles en 332 partidos disputados.
En el 2000, decepcionado por no poder lograr el campeonato italiano, es transferido a la Roma por 36.2 millones de euros, contratado por tres temporadas. Logró el "scudetto" en el 2001, recordándose un precioso gol que le anotó a la Fiorentina, el cual le trajo emociones al igual que a los hinchas violetas, a quienes les pidió perdón y éstos, en gratitud, le reverenciaron.
En el 2003, las lesiones empezaron a mermar su rendimiento y es transferido al Internazionale, donde solo anotó dos goles, pero encontró una nueva función siendo un perfecto acompañante para otro excelso delantero, Christian Vieri. Quiso jugar en Inglaterra, pero en una forma de preparar su adiós, decidió irse a jugar para el Al-Arabi catarí, retirándose en el 2005, gracias a los crecientes problemas en sus tobillos.
Para la selección albiceleste, "Batigol" prestó sus servicios desde 1991 hasta el 2002, siendo el goleador de la Copa América de 1991 y el anotador de los dos goles que le dieron el título continental de 1993. Su carrera, llena de goles -cincuenta y cuatro en setenta y siete partidos-, también estuvo llena de altibajos, como las eliminaciones en los Mundiales de 1994 y del 2002, y su no convocatoria a buena parte de los partidos de la eliminatoria de 1998 por obra y gracia de su cabellera, por la cual fue apodado también "El Rey León", cuestión que no era del agrado de Daniel Passarella, director técnico de la selección argentina durante ese periplo. Su récord, fue superado en la Copa América Centenario por un tal Lionel Messi, a lo cual respondió "la ventaja que tengo es que estoy detrás de un extraterrestre".
Con su pareja de toda la vida, Irina, a quien conoció cuando ella era una quinceañera, se fue a Florencia y tuvieron cuatro hijos, Thiago, Lucas, Joaquín y Shamel. Irónicamente, nunca se sintió a gusto practicando el fútbol, afirmando incluso que era solamente su trabajo, pero su ética de trabajo, su juego limpio y su capacidad para anticiparse a la defensa, su potente disparo y su excelente técnica para patear tiros libres le hicieron merecedor de hacer parte del salón de la fama de la Fiorentina y de ser homenajeado con una estatua en el barrio bonaerense de Recoleta.
Al retirarse, se dedicó a la práctica del polo, de la cual es aficionado, logrando algunos títulos nacionales. También trabajó como comentarista televisivo para Televisa durante el Mundial del 2006, como secretario técnico del club Colón en el 2011 y es propietario de una constructora. Respecto a sus lesiones, confesó que hubo momentos en los que literalmente, no podía moverse y hacía que incluso, perdiera el control de sus esfínteres, solicitándole entre lágrimas a su especialista que le amputara las piernas, a lo cual éste le contestó rotundamente que no; a pesar de que éstas le dejaran secuelas, pudo volver a su vida normal y familiar.
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Batistuta... Ah, Batistuta... Uno de los mejores delanteros que he visto en mi vida. Goleador de gran factura, podía definir con sutileza así como con violencia. De todas formas, con calidad, como los grandes. Él fue el estandarte de la Argentina futbolística de la transición post-Maradona, incluso con los problemas que tuvo con Passarella. Florencia nunca lo olvidará y él tampoco olvidará Florencia, a pesar de haber causado una pequeña "guerra civil" cuando se anunció su traspaso a la Roma.
Como la Argentina de la última década, le faltó consagrarse con un título mundial. Rumania, los Países Bajos y Suecia fueron sus talanqueras. De todas formas, su rendimiento durante dieciocho años de carrera profesional le hicieron un lugar dentro del olimpo de los mejores jugadores de la historia, salvo por un detallito... (?)
¿Qué cómo? ¿Cuál detallito?
Bueno, aquí dejo lo mejor de este indispensable en cualquier ofensiva fantástica.
1. El gol que le anotó a la Fiorentina, jugando para la Roma.
2. Los dos goles que le anotó a México en la Copa América de 1993.
3. Una recopilación de sus mejores goles durante su carrera.
4. Y para cerrar con broche de oro, el espectáculo que brindó en El Campín.
Con esto ya solo queda decir: ¡Feliz Cumpleaños, Batigol!
André Gagnon es un músico canadiense, nacido en San Pacomio de Kamouraska, provincia del Quebec (Canadá), el 2 de Agosto de 1936. El menor de diecinueve hermanos, inició sus estudios musicales a los seis años y llegó a estudiar en el Conservatorio de Música de Montreal durante buena parte de su juventud.
No fue sino hasta mediados de los setenta cuando Gagnon logró éxito mediático, con su álbum "Saga", conformado por piezas instrumentales, su marca de calidad, seguido de otro denominado "Neiges", el cual contiene el tema que compartiré a continuación. Gagnon añadió a su diverso repertorio obras para películas, destacando algunas producciones de Roger Vadim.
Por su invaluable aporte a la cultura canadiense, Gagnon recibió la Orden de Canadá en 1978.
A mediados de los noventa, mi tierra recibió con cierto beneplácito la llegada de un operador de televisión por cable, llamado Servisatélite, el cual en su parrilla de programación ofrecía tres canales peruanos, América Televisión, Frecuencia Latina y Panamericana. Gracias a la potencia de sus antenas, era perfectamente posible sintonizar al menos dos de los tres canales sin estar suscrito al servicio, generalmente América y Frecuencia Latina, lo que se bautizó localmente como la "Perubólica".
En América, se solía transmitir buena parte de los partidos de la liga peruana de fútbol, denominada Torneo Descentralizado, y el cabezote que recuerdo, estaba compuesto por los escudos de los equipos que jugaban una temporada determinada y esta preciosa canción, denominada "Wow", que es una mezcla instrumental entre samba, disco y piano clásico, acorde a la escena musical de la época.
¡Disfruten de este gran recuerdo musical y televisivo, queridos amigos!
"Nada se olvida más despacio que una ofensa, y nada más rápido que un favor".
Martin Luther King, Jr.
Hoy cumpliría noventa años de vida este importante líder mundial, quien predicó un sueño, el de ver a su nación unida en sus derechos. Y aparte de su histórico discurso, nos dejó esta inolvidable frase que refleja la realidad de nuestra sociedad, que hace primar todo lo negativo que vivimos en vez de todo lo positivo que logramos al ayudarnos y al compartir buenos momentos.
Así, inicio el camino para el temido cumpleaños treinta y cinco. Lejos de casa y extrañándola.
La selección española de fútbol venía de ofrecer una irregular, tirando a mala, imagen en su Mundial, organizado en 1982, donde fue eliminada en la segunda ronda y jugando con buena parte de la nómina de la Real Sociedad de Fútbol, que venía de ser campeona de liga en dos ediciones consecutivas. Bajo el mando de Miguel Muñoz, buscaba recuperar prestigio, y por qué no, acrecentarlo, ya que era una de las selecciones consideradas de segundo nivel dentro del ámbito europeo.
El 8 de Enero de 1982, meses antes del mundial español, se sortearon los grupos de clasificación de la Eurocopa a realizarse en Francia, los cuales se determinaron en siete -cuatro de cinco equipos y tres de cuatro-, donde solo clasificaría el que lograse el primer lugar. En Mayo, Rumania y Chipre iniciaron el camino a Francia, pero nuestro equipo protagonista iniciaría en Octubre, ya que los demás equipos de su grupo iniciaron su camino en Junio.
España fue encuadrada en un grupo complicado, junto a los Países Bajos, a Irlanda, a Islandia y a Malta, coprotagonista de este texto. Los de la Cruz de San Jorge iniciaron la eliminatoria derrotando 2-1 a Islandia en Messina, pero no volvieron a jugar hasta dentro de seis meses, donde en Aquisgrán (Alemania) fueron goleados 6-0 por los Países Bajos gracias a una sanción de la UEFA. La Roja, venció 1-0 a una difícil Islandia en Málaga y en Noviembre empataron a tres ante Irlanda en Dublín. Así ambas selecciones cerraron 1982.
Llegó 1983 y el 16 de Febrero, Juan Señor, figura del Zaragoza, anotó de penal el gol de la victoria ante los Países Bajos, equipo que a pesar de estar renovándose y caer de forma agónica en las eliminatorias mundialistas, aún tenía prestigio internacional. El 27 de Abril, Santillana e Hipólito Rincón le daban la victoria a los españoles ante Irlanda, iniciando su declive para terminar eliminada. En Mayo, España visitó a Malta en una difícil cancha en Ta' Qali, recientemente adecuada para el fútbol internacional, donde la experiencia y la garra hizo posible la victoria con goles de Señor, "Lobo" Carrasco y Rafael Gordillo. Dos semanas después, Antonio Maceda, con un gol tempranero, bastó para ganar en Reikiavik.
Un parón de casi seis meses fue necesario para que España volviese a jugar, en la ansiada visita a Rotterdam, perdiendo por 2 a 1 con goles de Peter Houtman y un naciente Ruud Gullit. Mientras tanto, Malta perdió sus partidos como local ante Irlanda y España, y como visitante ante Islandia, para sufrir una aparatosa derrota por 8 a 0 ante Irlanda.
Llegó Diciembre y la perversa gestión de los directivos malteses se hizo notoria, ya que aparte de hacer que se programaran sus últimos tres partidos como visitante, dejaron que sus dos últimos juegos se programaran en un lapso de cuatro días, y para variar, contra los rivales más fuertes del grupo. Malta visitó Rotterdam el 17 de Diciembre y fue derrotada por 5 a 0, resultado del cual estaba muy pendiente España, pues esperaba que la Oranje no goleara o que los malteses sacaran por lo menos un empate, cuestiones que no sucedieron. Ese resultado dejaba con pie y medio en la cita francesa a los Países Bajos.
Pero, España, se aferraba a una remota posibilidad... Debía golear por diferencia de once goles a los malteses en aquella noche sevillana. Los malteses llegaron dos días antes a Sevilla con muchos problemas durante su vuelo, e inclusive, no pudieron descansar apropiadamente en su hotel gracias al ruido que causaban los aficionados; mientras tanto, los españoles prepararon concienzudamente el partido adelantando la jornada de liga y convocando a quince jugadores, entre ellos dos porteros sin experiencia en partidos de selección, como lo fueron Andoni Zubizarreta y Francisco "Paco" Buyo, quien jugó ese partido.
Hasta la misma prensa española consideraba que era imposible anotar once goles en un partido, Miguel Muñoz consideró al respecto "hablar de un 11-0 es pensar en un milagro, aunque nada es imposible". Los malteses, un poco más jocosos, citaron -en especial su portero, John Bonello-, que España no podría anotarle tal cantidad de goles ni siquiera a un equipo infantil y que no volverían a su país si les anotaran esos goles. Y dicen que la lengua es el azote del rabo...
Llegó la noche en el Estadio Benito Villamarín -el estadio del Real Betis- bajo una pertinaz lluvia, que hizo que no se llenara completamente. España atacó desde el primer minuto, haciendo que Malta se encerrara en su mitad, pero de una forma infame, pues dejó tantos huecos que parecían un queso gruyere. Y a los tres minutos, Juan Señor tuvo la oportunidad de abrir el marcador a través de un penal que le cometieron al "Lobo" Carrasco, pero lo mandó al palo derecho de John Bonello.
Al cuarto de hora, un gran centro de Antonio Maceda es cabeceado con perfección por Santillana, para iniciar la faena; pero nueve minutos después, Silvio Demanuele -el cual confunden en las fuentes con Michael Degiorgio- recoge un balón en el mediocampo español, regatea y dispara desesperadamente, golpeando el balón en Maceda y desubicando a Buyo. Empate en Sevilla y todo vuelve como antes, España debe anotar once goles más. Santillana dejó el marcador 3-1 en tres minutos (26 y 29), aprovechando los huecos malteses; pero sus compañeros no pudieron ampliar más la ventaja, finalizando de esa forma el primer tiempo.
Antes de iniciar el segundo periodo, el mismo Santillana expresó ante la Radiotelevisión Española que lo intentarían, a pesar de todo lo que fallaron en el primer tiempo. Hipólito Rincón le hizo caso y con un gran regate a los dos minutos de la reanudación, logró el 4-1; diez minutos después, aprovechando un descuido infame de John Buttigieg, anotó el quinto. Maceda pagó su involuntaria deuda anotando dos goles en un minuto, aprovechando balones sueltos en el área, dejando en siete la cuenta de goles. Faltaban solo cinco goles y veintiséis minutos de juego.
Otro regate sin oposición efectiva de Rincón dejó el marcador en 8-1 y pasaron doce minutos donde España quiso pero no pudo. Ahí volvió la figura de Santillana, quien en otro balón libre en el área penal, venció sin problemas a Bonello, anotando su cuarto gol. Rincón llegó también a cuatro goles dos minutos después, cuando ya Malta jugaba con diez por la expulsión de Degiorgio por pérdida deliberada de tiempo, al conectar un centro a corta distancia de Maceda.
Quedaban doce minutos y solo faltaban dos goles. Manu Sarabia recibe un balón desde la línea de fondo y de primera intención vence a Bonello, ahora quedaban diez minutos. Cuatro minutos después, Víctor Muñoz recoge un balón en mediocampo maltés, hace la pared con Señor, intenta eludir dos malteses pero le hacen zancadilla, un tercero rechaza mal y José Ángel de La Casa solo grita...
"Señor, Señor... ¡GOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡GOL DE SEÑOR! ¡GOL DE SEÑOR! ¡ES EL NÚMERO DOCE!"
Así es. El mismo jugador que iniciando el partido falló un penal que pudo ser el primer gol de esta hazaña, cerró el marcador anotando el duodécimo gol que necesitaba "La Roja" para clasificarse a la Eurocopa de 1984. En ese momento, el técnico de esa selección española, Miguel Muñoz, solo atinó a decir "vamos a marcar tres más", pero solo pudieron anotar uno, el cual le fue anulado a Rafael Gordillo. Ah, y solo hizo una sustitución, ingresó a Marcos Alonso -padre del homónimo jugador del Chelsea- por una de sus figuras, Rincón.
El campo de juego fue invadido apenas se anotó el duodécimo gol, generando riesgo para la selección española; inclusive a los mismos jugadores españoles les tocó echar a los hinchas a patadas. De nuevo, los hinchas hicieron de las suyas apenas el árbitro turco Erkan Göksel finalizó el partido, sin siquiera reponer un minuto; invadieron completamente el campo y literalmente, borraron a los malteses, quienes dentro de esa marabunta se fueron directo al camerino, humillados, pues obtuvieron la peor derrota de su historia como miembros de la FIFA.
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Paseados en hombros, reconocidos como héroes, los seleccionados españoles celebraron esta victoria y dejaron lo que hoy se conoce como "La Furia", abandonando el sambenito de segundones que tenían en Europa, pese a tener una de las ligas más reconocidas del continente. Hasta la política se pronunció ante esta manifestación deportiva, que duró hasta altas horas de la madrugada del día siguiente. En los Países Bajos, la derrota se tomó con demasiada deportividad, culpándose del no haber aplastado a Malta como correspondía, para hacer más difícil la tarea a los españoles, y culpando a los malteses por el pésimo planteamiento del partido. No faltó quien dijera que el partido estuviese arreglado.
Para los malteses, este partido fue una auténtica afrenta a su honor. Victor Scerri, su entrenador, renunció apenas regresaron a su país, John Bonello fue reprendido por sus compañeros -tanto por su desempeño como por sus declaraciones- y varios integrantes de esa selección renunciaron para tomar otros horizontes profesionales. La Asociación de Fútbol de Malta investigó las causas de este terrible resultado, no sin antes denunciar varias conductas incorrectas del público sevillano, concluyendo que el amateurismo, la mala preparación física, la falta de instalaciones apropiadas y la programación de partidos afectaron el desempeño del equipo y dejaron este resultado en los registros. Como anécdota, el presidente de esa asociación para ese tiempo, George Abela, fue elegido como presidente de Malta en el 2009.
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España llegó con ínfulas de grande y así llegó a la final de París, donde perdió 2-0 con el anfitrión en una triste tarde de Luis Arconada, el portero de la Real Sociedad. Desde esa derrota, y varios eventos desafortunados en los Mundiales y en las Eurocopas -no clasificó a la de 1992-, construyó de a poco su camino para lograr el Campeonato Mundial del 2010 en Sudáfrica, viendo pasar generaciones de jugadores que tuvieron prestigio internacional, pero que no eran capaces de demostrarlo jugando como un equipo.
Hoy, treinta y cinco años después, toda España y aquellos que admiramos a su selección de fútbol recuerdan esta hazaña sevillana, un imposible que se convirtió en milagro gracias a la tenacidad de doce jugadores que comprendieron la necesidad de cumplir con un objetivo, clasificar a una Eurocopa y limpiar la imagen de un equipo. Los Buyo, Camacho, Goicoechea, Maceda, Señor, Víctor, Carrasco, Gordillo, Sarabia, Rincón, Santillana y Alonso, quedan en un recuerdo imborrable en el fútbol internacional. Y los malteses, seguirán recordando esta fecha como infame y seguirán inventando argumentos para desprestigiar esta hazaña.
Y para terminar, ¡Sí, sí, sí! ¡España va a París!
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Como colofón a este texto conmemorativo, comparto los siguientes videos:
1. Resumen de los goles.
2. Partido completo.
3. Reunión de varios jugadores que disputaron el partido, treinta años después.
4. Reportaje de "Fiebre Maldini", de Movistar+, titulado "El día más triste de Malta".
En aquellas tierras altas del Cusco, se fundó en 1901 un club rico en historia pero modesto en éxitos deportivos denominado Cienciano, el cual desde los años setenta hasta mediados de esta década se convirtió en un animador del fútbol profesional peruano, aprovechando la altura de la ciudad y convirtiéndose en uno de los referentes de la afición del sur de ese país.
En el 2003, gracias a una gran campaña liguera en su pasada temporada, donde también participó por primera vez en la Copa Libertadores de América, consigue el cupo a la Copa Sudamericana, donde el sistema de juego lo encuadró contra un equipo tradicional, el Alianza Lima, el cual venció 1-0 en ambos partidos, clasificándose para la segunda ronda, donde disputaría la serie contra la Universidad Católica de Chile.
Un 4-0 categórico ante los cruzados en el Cusco pudo significar una clasificación segura, pero en Santiago, pese a un autogol, la Católica luchó para igualar la serie, pero apenas le alcanzó para un 3-1 que los dejó por fuera. Los imperiales estaban dando pasos de gigante, pero en cuartos de final, el Santos de Pelé los esperaba.
El partido de ida, en Villa Belmiro, fue un presagio de lo que sufrió el "Peixe" al año siguiente en Copa Libertadores. Un autogol de Álex a los setenta y un minutos le daba la victoria a Cienciano, pero Robinho empató el juego seis minutos más tarde. En el Cusco, Germán Carty abrió el marcador a los once minutos, pero Elano igualó muy pronto; el mismo Carty, a los treinta y cuatro, dejó el marcador 2-1 y la clasificación para los rojos, que enfrentarían al Atlético Nacional, finalista de la edición anterior.
El partido de ida, en el Atanasio Girardot, fue un verdadero aguinaldo para Cienciano. Y digo aguinaldo, porque un defensor llamado Aguinaldo Aquivaldo Mosquera le regaló el balón a Germán Carty -rechazó hacia el centro sin percatarse que el peruano estaba muy atento para recibirlo- para que venciera a Milton Patiño. El mismo Mosquera y Miguel Llanos fueron expulsados antes de finalizar el primer tiempo, y para el segundo, Iván "Champeta" Velásquez empata el partido para darle una luz de esperanza a los verdolagas. Paolo Maldonado ingresa para darle salida al equipo, y gracias a otro horror defensivo, esta vez de Carlos Díaz, gana un balón largo para acomodarse dentro del área y colgar a Patiño. Inesperada victoria peruana en Medellín y a Nacional le esperaba una difícil tarea en el Cusco.
Tanto fue, que en vez de darle importancia a esta serie, el Verde decidió priorizar la liga y envió un equipo mixto al Perú. Apenas se acomodó la defensa, de nuevo Carty anota un gol decisivo, venciendo a Andrés Saldarriaga. El partido no destacó demasiado, pero Juan Carlos La Rosa tuvo una oportunidad a través de un disparo largo que terminó en el vertical izquierdo de Saldarriaga y Carlos Lugo falló un penal que pudo darle más holgura a la clasificación.
La final se jugaría contra uno de los grandes argentinos, el Club Atlético River Plate. En aquella noche veraniega de Buenos Aires, la fiesta estaba armada en Núñez y los hinchas "millonarios" querían una goleada, pero no fue así. A los veintiséis minutos, Julio García levantó un tiro de esquina con destino Santiago Acasiete, él cabecea al palo derecho de Franco Constanzo y el rebote queda justo para que Giuliano Portilla la empuje con potencia para abrir el marcador. Nadie podía creerlo.
Dos minutos más tarde, Maximiliano López, aquel delantero que fuese más reconocido por sus escándalos sentimentales que por su accionar, elude con una finta la marca de Lugo y derrota a Óscar Ibáñez con un disparo cruzado y rasante. En el segundo tiempo, un cambio de frente encuentra muy bien posicionado a Eduardo Coudet, quien avanza hacia el área, hace un pase de la muerte que Ibáñez no puede cortar y "Maxi" López apenas llega con presteza para empujar suavemente el balón a gol.
Minuto veintidós del segundo tiempo, Cienciano se toma confianza. Llanos levanta un centro desde su costado y Germán Carty, muy bien ubicado, cabecea picado para vencer por debajo de las piernas a Constanzo. El Monumental volvía a enmudecer. Y seguía así, gracias a un excepcional cabezazo de Portilla a centro vía tiro libre de Maldonado, anticipándose a la salida de Constanzo. 3-2 a favor del equipo cusqueño. Pero, a cinco minutos del final, apareció la estampa del "Matador", del chileno Marcelo Salas, quien aprovechando un intento fallido de Christian Tula, cabecea ante el intento acrobático de Acasiete de evitar el gol.
River Plate tuvo muchas oportunidades para golear, pero su mala puntería, la suerte e Ibáñez fueron fundamentales para este 3-3, el cual Cienciano lo aprovecharía a su favor, aunque las circunstancias no lo favorecerían para la final. No podrían jugar en su casa, el Inca Garcilaso de La Vega, pues no cumplía con las disposiciones de la Conmebol y a su vez, estaba remodelándose para la Copa América 2004; deberían hacerlo en Arequipa, más exactamente en el Estadio de la Universidad Nacional de San Agustín. En una ciudad más baja en altura sobre el nivel del mar, pero que ya conocían gracias a que debían visitar al Melgar en el tradicional "Clásico del Sur" en el Torneo Descentralizado, los imperiales recibirían a los de la banda cruzada en una verdadera fiesta.
River Plate olvidó que estaban jugando fuera de casa y se tomó confianza, liderando las acciones. Marcelo Gallardo tuvo una oportunidad muy clara desde media distancia, pero su disparo se fue directo al palo izquierdo de Ibáñez. Luis Óscar "Lucho" González también tuvo la suya, luego de cabecear sin oposición un balón proveniente de un tiro libre, pero Ibáñez estuvo muy atento para desviar el balón hacia la esquina.
El segundo tiempo fue terrible para Cienciano. La Rosa comete una imprudencia al rechazar un balón, pero la exageración de Óscar Ahumada hace que el árbitro uruguayo Gustavo Méndez lo amoneste por segunda vez y lo expulse. Pero, en el minuto 32, una falta contra Alessandro Morán a unos treinta metros de la línea de gol, es transformada en un golazo de Carlos Lugo que desató la locura en todo el Perú.
A seis minutos del final, García es expulsado, quedándose los cusqueños con nueve jugadores, pero solamente quedaba aguantar hasta que Méndez pitara el final. Llegó ese ansiado momento, y la cancha de la UNSA fue invadida por todos los integrantes del Cienciano, al igual que fue invadido el corazón de todos los peruanos, desde Tumbes hasta Tacna, desde el Amazonas hasta el Titicaca, por lo hecho por un club de provincia que apenas destacaba en su liga.
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Esta hazaña del Cienciano fue repetida al año siguiente por otro club de provincia en la Copa Libertadores, el Once Caldas de Manizales, quien en su camino, y eso que sufriendo en octavos de final ante el Barcelona ecuatoriano, dejó en el camino a Santos, a Sao Paulo y a Boca Juniors, consiguiendo la clasificación a la Copa Intercontinental.
Volviendo a nuestros protagonistas, clasificaron a la Recopa Sudamericana 2004 que se jugó en Septiembre, en Fort Lauderdale. Un gol de Carlos Tévez a los treinta y tres minutos les daría algo de seguridad, pero Rodrigo Saraz, un compatriota que se formó en Nacional y tuvo un largo trasegar por varios clubes de provincia en el Perú, empató el partido faltando un minuto para su final. Al finalizar el tiempo reglamentario, se decidió jugar la tanda de penales, y Óscar Ibáñez emergió como la figura del partido al atajarle los disparos a Carlos Tévez y a Fabián Vargas.
Cienciano tuvo muy buenas campañas después de este éxito, que lo consagraron como el único club peruano que logró ser campeón de dos torneos internacionales oficiales, cosa que no pudieron lograr los grandes de Lima -Alianza Lima, Sporting Cristal y Universitario de Deportes-. Pero, una crisis dirigencial -incluyendo un robo de dinero realizado por un jugador que hizo parte de esta gesta, César Ccahuantico- lo llevaron al descenso en el 2015, situación de la cual espera salir pronto. Freddy Ternero, el técnico que pese a sus errores lideró un equipo valeroso, unido, serio y efectivo, llegó a la selección peruana -luego de un interinato en 1997- donde apenas logró ganar la Copa Kirin, se dedicó a la política y falleció en Septiembre del 2015 gracias a un cáncer.
Óscar Ibáñez, Santiago Acasiete, Carlos Lugo, Alessandro Morán, Giuliano Portilla, Juan Carlos Bazalar, Paolo Maldonado, Juan Carlos La Rosa, Julio García, Rodrigo Saraz, Germán Carty, Maurinho Mendoza, Alexander Araújo, Martín García, Miguel Llanos, César Ccahuantico, Carlos Ibarra, Carlos Lobatón, Ramón Rodríguez, Roberto Holsen, Ernesto Zapata, Abel Lobatón y Jean Garrafa. Esa fue la nómina campeona de un club que para esta fecha cumplió ciento dos años y aunque desearon ganar algo en el 2001, lo lograron pocos años después, con gloria y brillo para su palmarés.
¿Volverá el Cienciano a ser grande como lo fue en esa noche mágica arequipeña? ¿Volverá el fútbol peruano a ser un grande de Sudamérica? Lo mostrado para llegar al Mundial de Rusia no puede ser un simple accidente, sus clubes lo tienen todo para repetir una hazaña así; solo la dirigencia, que no puede ser un retrato de "Laura en América", necesita creer que sí se puede.
Hungría fue una de las selecciones más importantes del escenario europeo durante buena parte del Siglo XX, destacando en los periodos entre guerras mundiales y en la década de los cincuenta, con los famosos "Magiares Mágicos" liderados por Ferenc Puskás y secundados por gente como Zoltán Czibor, Ferenc Kocsis, Nándor Hidegkuti y Mihály Lantos; este equipo fue famoso por golear en Wembley a Inglaterra y hacerle un 7-1 al mismo equipo en Budapest, además de perder en el famoso "Milagro de Berna" ante Alemania Occidental en aquella final de 1954.
Conforme transcurría la Revolución de 1956, buena parte de ese equipo, la cual pertenecía al Honvéd de Budapest, se separó y en un lento declinar, tuvo cierta figuración en los Mundiales, no así en las Eurocopas; no se clasificó a los Mundiales de México y de Alemania Federal, y volvió para 1978, para 1982 y para 1986. En el segundo mundial mexicano, según algunos, Hungría perdió todo el prestigio que tenía al ser goleada 6-0 por la Unión Soviética.
Llegó el fin del comunismo y de la Cortina de Hierro y la tierra de los magiares vivía una difícil transición hacia el capitalismo. Dentro de ese tránsito, Hungría perdió 7-1 en un partido de preparación contra los Países Bajos, como preparación para el Mundial de 1994; ahí empezó una paternidad neerlandesa que al sol de hoy, incluye goleadas estrepitosas. Para 1996, recuperaron algo de brillo participando en los Juegos Olímpicos, pero no pudieron clasificarse a la Eurocopa después de perder sus cuatro partidos de visitante, uno de ellos ante la entonces débil Islandia.
Tenía una brillante oportunidad la selección húngara para llegar de nuevo a un Mundial después de doce años. El sorteo que determinó los grupos eliminatorios de la UEFA los dejó en el grupo 3, junto a Noruega, a Suiza, a la Finlandia de Jari Litmanen y a la debutante Azerbaiyán. Todo el mundo daba por seguro a los noruegos y a los suizos en las casillas de clasificación directa al Mundial, con una Finlandia que podría dar mucha guerra dada la calidad del entonces jugador del Ajax y con Azerbaiyán como seguro farolillo rojo.
No fue tanto, pues Noruega ganó seis y empató dos partidos, clasificándose primera. Suiza desentonó al perder sus dos partidos con los noruegos -uno por goleada 5-0- y en su visita a Azerbaiyán. Finlandia inició su camino como lo terminó, con errores rocambolescos y Hungría, nuestra querida Hungría, lo inició derrotando a Finlandia el 1 de Septiembre de 1996, con gol de Ferenc Orosz luego de aprovechar un grosero error de la defensa finlandesa.
El 9 de Octubre del mismo año, Noruega dio buena cuenta de los húngaros derrotándolos 3-0 y un mes después, éstos recompusieron el camino derrotando 3-0 a los azeríes. Llegó 1997, y el 30 de Abril, Kubilay Türkyilmaz le complicó la vida a los magiares faltando siete minutos para el final del partido en Zurich. El 8 de Junio, Noruega sacó su segundo empate de la campaña en Budapest.
Quedaban cuatro jornadas y el grupo, aparte de la efectividad de la Noruega de Tore André Flo y Ole Gunnar Solskjaer, estaba nivelado por lo bajo, cualquiera podía aspirar a la segunda casilla, la que daba el pase al repechaje. El 20 de Agosto de 1997, Stéphane Chapuisat anuló el gol de László Klausz en la reposición. El 6 de Septiembre, los húngaros descansaron, para retornar el 10 y vencer 3-1 a Azerbaiyán y ver cómo los suizos salían de la contienda al perder en la doble jornada 2-1 ante Finlandia en Lausana y en un humillante 5-0 ante Noruega en Oslo.
El 11 de Octubre, solo quedaba disponible la casilla del repechaje. Finlandia y Hungría se verían las caras en el Estadio Olímpico de Helsinki en una noche lluviosa. Hungría dependía de sí misma, a los finlandeses solo les servía ganar por cualquier marcador. En el minuto 63, Antti Sumiala, con una fórmula zubeldiana, estaba garantizando la clasificación finlandesa, pero llegó esta infame jugada protagonizada por Sami Mahlio y Teuvo Moilanen en el último minuto.
Con ese empate, a Finlandia solo le quedó aplicar un quiero y no puedo. Nunca habían estado tan cerca de una posibilidad directa de clasificarse a un Mundial y salvo la Eliminatoria del 2002, su fútbol siguió siendo intrascendente en la escena mundial. Pero, volvamos con nuestros protagonistas, la ilusión seguía viva hasta que llegó el sorteo del repechaje el 13 de Octubre, donde, según la clasificación de la FIFA, no estarían sembrados y fueron sorteados ante el rival más complicado de los sembrados, la Yugoslavia de Pedja Mijatovic, Dejan Savicevic y Dragan Stojkovic.
Hambrientos de gloria al ser sancionados por la ONU y expulsados de las Eliminatorias al Mundial de 1994 y a la Eurocopa de 1996, demostraron su valía en un grupo complicadísimo, que contenía a España, a la República Checa, a Eslovaquia, a las Islas Feroe y a Malta; una sola derrota en Gijón ante "La Roja" los dejó en el segundo puesto del grupo y por consiguiente, en el repechaje.
El 29 de Octubre de 1997, llegó la noche en el Estadio Flórián Albert en Budapest. Pero ningún húngaro presente en ese recinto y que haya presenciado ese partido en la televisión nacional, pensó que esa noche sería la más negra de su historia. No habían pasado siquiera dos minutos de partido para que Miroslav Djukic lanzara un pelotazo para Mijatovic, quien toca a Vladimir Jugovic, y quien en otro pelotazo y ante la infame marcación de Lörincz y de Banfi, Branko Brnovic cuelga a Babos.
Los protagonistas de esa noche.
De izquierda a derecha, parados: Emil Lörincz, Gabor Babos, László Klausz, Gabor Halmai, Vilmos Sebök, János Banfi.
Sentados: Peter Lipcsei, Elek Nyilas, Ferenc Orosz, Tibor Dombi, András Keresztúri.
(Fuente: magyarfutball.hu)
Cuatro minutos más tarde, un tiro de esquina dirigido hacia el palo izquierdo de Babos es perversamente rechazado por Nyilas hacia el centro del área penal y Miroslav Djukic cabecea ante el inútil intento de estirada del portero húngaro. Los malos augurios seguían a través de un cambio de frente realizado por Jugovic hacia Dejan Savicevic, quien elude con cierta facilidad a Banfi y ante la inútil barrida de Lörincz, fusila a Babos. 3-0 en diez minutos.
Transcurrieron dieciséis minutos y apareció el espectáculo de Mijatovic. Slavisa Jokanovic, en un avance por la banda derecha, protagoniza una jugada que solo se le ha visto a Ronaldinho y deja fuera de combate a Banfi y a Halmai, para que Mijatovic quedase de frente ante Babos y Lörincz y anota con un disparo a quemarropa.
János Csank decide renunciar al partido e ingresa a Mihály Mracskó por Tibor Dombi, un defensor central por un volante, y a Flórián Urbán por Peter Lipcsei. Pero Mracskó también ahondó la noche negra de los magiares al rechazar horrendamente un pelotazo desde líneas defensivas yugoslavas sin percatarse que a su espalda estaba Mijatovic pendiente. Ni Lörincz ni Babos supieron cortar el avance y el entonces delantero del Real Madrid solo tuvo que ganar el espacio, puntear el balón y colgar para el 5-0 en Budapest.
Inició el segundo tiempo, y transcurridos cinco minutos, Sinisa Mihajlovic por poco anota el sexto gol gracias a un precioso laboratorio iniciado por Stojkovic; su potente disparo -su marca de calidad- salió desviado por pocos centímetros del palo derecho de Babos. Al reiniciar el juego, Lörincz, demostrando el por qué debía cerrar su carrera internacional, pierde un balón en la salida ante Mijatovic, quien elude a Halmai y define rasante ante los inútiles cierres de Sebök y Babos.
En el minuto 63, una sucesión de pases buscando espacios en la diezmada defensa húngara, encuentra a Zeljko Petrovic y a Goran Djorovic en la posición ideal para llegar con peligro al área, logrando un pase al espacio para que este último le gane la espalda a Banfi y pase el balón hacia el centro del área para que Savo Milosevic defina sin problemas. 7-0 y la selección húngara confirmó la horrible noche.
Faltando dos minutos para el final, Bela Illés, aprovechando un malentendido entre Mihajlovic y Djorovic, puntea el balón para vencer a Ivica Kralj y anotar el gol de la honra, y que a su vez fue el único que anotó Hungría en la serie. Así, los "plavi" aseguraban su clasificación a Francia, ante una selección que demostró por qué su grupo de clasificación estaba nivelado por lo bajo, muy por lo bajo.
Por supuesto, aquí también se comparte el partido completo.
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Dos semanas más tarde, el 15 de Noviembre de 1997, Yugoslava se dio su paseo triunfal en el Estadio del Estrella Roja goleando 5-0 ante una humillada selección húngara. Pero, esa noche, sin contar los accidentes de 1986 y de 1994, fue la que más los marcó, pues desde esa horrenda y perversa actuación, no se han clasificado a un Mundial y solo se han clasificado a la Eurocopa del 2016, registrando además derrotas infames ante Malta -Eliminatorias a la Eurocopa del 2008, 2-1 en Ta' Qali-, ante Andorra -Eliminatorias al Mundial 2018, 1-0 en Andorra La Vieja- y otra goleada ante los Países Bajos -Eliminatorias al Mundial 2014, 8-1 en Amsterdam-.
¿Podrá Hungría volver a la gloria de los cincuenta? ¿Podrá su federación de fútbol hacer que su selección no pase vergüenzas como la narrada hoy? Ojalá puedan, su historia y el prestigio que tuvieron lo hacen merecedor de satisfacer esta necesidad. Todos esos nombres que están en el olimpo del fútbol nacidos en la tierra del goulash, merecen ser reivindicados pronto.
En ese Octubre de 1997, toda Colombia estaba expectante y a la vez rebosante de alegría al ver cómo un tipo llamado Édgar Enrique Rentería Erazo, un barranquillero que lo apodaban como "El Niño" y que iniciaba su carrera profesional en el beisbol con el naciente equipo Marlins de Florida de la MLB. Ese equipo era uno de los más débiles de la liga, llevaba apenas cinco años en ella, pero en ese 1997 había logrado una temporada increíble bajo el mando de Jim Leyland, clasificando a las finales de la Liga Nacional barriendo a los Gigantes de San Francisco y clasificando a la Serie Mundial venciendo por un apretado 4 a 2 a los Bravos de Atlanta.
Esa Serie Mundial contra los Indios de Cleveland fue seguida con mucha devoción por todo el país, le agradara o no el beisbol, con la acertada narración del gran Mike Schmulson en la transmisión conjunta de Telecaribe y Señal Colombia, todas las noches entre el 18 y el 26 de ese mes. Todos además, queríamos que Édgar Rentería aportara lo necesario y ganara esa finalísima, que terminó siendo muy sufrida gracias que a cada victoria de los Marlins, los Indios respondían ganando el siguiente juego y dejaron esa serie empatada a tres juegos, forzando a un séptimo y definitivo juego.
¿Qué hicimos aquí? Como no somos precisamente la Costa Atlántica, donde sí hay diamantes de beisbol y suficiente afición, los que queríamos jugar un poco ese deporte popular de los norteamericanos decidimos usar el estadio. Sí, el estadio. ¿Y con qué jugábamos? Solo podíamos conseguir pelotas de tenis y palos de escoba, algunos locos sacaban la tabla para escribir de los pupitres y algunos pudientes traían bates de plástico como mínimo y de vez en cuando, una pelota apropiada. ¡Y no necesitamos conocer aquella tonada inmortal de las ligas mayores! ¡A jugar mientras el tiempo lo permitía y el rector no se diera cuenta!
Todo era alegría, batazos, imparables, strikes, uno que otro "vuelacercas", conatos de pelea y todo lo que ofrecía el beisbol gringo a nuestra manera, a setecientos metros sobre el nivel del mar, en un escenario adaptado, pero con ganas de emular al Niño de Barranquilla. Se había comentado incluso de hacer un torneo intercursos, pero no hubo voluntad pública para hacerlo realidad, ¡hubiera sido una bonita iniciativa para traer un nuevo deporte a esta meseta!
Esa noche del 26 de Octubre sucedió esto:
Rentería solo necesitó batear un poco la pelota para que Charles Nagy no la alcanzara al vuelo ni siquiera los infielders pudieran detenerla en el suelo. En ese momento, Craig Counsell corría a toda velocidad para anotar la tercera y definitiva carrera para ganar ese séptimo juego de la Serie Mundial de 1997, el primer título para los Marlins de Florida. Ese fue el éxtasis de todos nosotros como aficionados temporales a la pelota caliente, seguimos jugando hasta el final del año lectivo, siempre que se pudiera.
¿Y el año siguiente? Simple, la afición desapareció, como ese brillo de esos Marlins campeones, pues ligaron una temporada demasiado perdedora para un campeón defensor y ni siquiera llegaron a la postemporada. Nunca volvimos a ver un bate de beisbol ni intentamos reeditar esas hazañas, ya que nos prohibieron ingresar al estadio. Así fue hasta que me gradué y así continúa siempre, pero algún día volverá a jugarse el beisbol en Anapoima, así sea como un sencillo pasatiempo.
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Hace veinte años -Agosto de 1997- fue inaugurado el actual Estadio Municipal Julio César Sánchez García, escenario donde se desarrolló esta historia. También, hace veinte años recibía mi certificado de Educación Básica. Y por supuesto, en esta fecha se cumplen dieciocho años de mi graduación como bachiller académico en el entonces Colegio Departamental Integrado de Anapoima. ¿Y qué mejor forma de recordar uno de los mejores momentos de esparcimiento que se pudieron disfrutar durante ese tiempo?
Me acuerdo mucho de esos descansos donde se llegaba con la mejor disposición posible para correr, batear, ponchar y atrapar. Recuerdo mucho a Miguel, el líder de esa iniciativa. No había cursos completos ni un grupo grande, éramos varios de diversos salones con esa idea. Y es una pena, de haber mantenido viva la idea, ¿podría estar un anapoimuno jugando al menos en el beisbol colombiano, que solo se juega en la Costa Atlántica?
Solo recuerdo que en otro periodo de mi vida, intentamos jugar al beisbol en un parque. Pero este recuerdo, el del "beisbol anapoimuno", el que jugábamos en un estadio nuevo, es imborrable y todos aquellos que lo vivieron, difícilmente podrán hacerlo a un lado.
Hoy, hace setenta años, unos dirigentes visionarios, liderados por Alberto Villegas Lopera, registraron como sociedad el Club Atlético Municipal, cambiando su denominación tres años después por Club Atlético Nacional.
A lo largo de estos setenta años, lidiando con muchos vericuetos y con las ansias de ser el mejor club de fútbol en Colombia, pasaron por sus filas los mejores jugadores del país y otros tantos extranjeros, que con algo de esfuerzo y ayudados con su prestigio, se hicieron un lugar en el recuerdo y en el corazón de todos sus hinchas. "Turrón" Álvarez, "Chonto" Gaviria, Largacha, Moncada, "Comanche" Salgado, Vilarete, Retat, Maturana, Sarmiento, Herrera, Ricaurte, todos los héroes de 1989, Asprilla, Aristizábal, Serna, Ángel, Milton Patiño, los héroes de la segunda Copa Libertadores, son aquellos que la patria le dio al Verde de la Montaña para hacerse grandes y hacer a este club más grande.
¿Los extranjeros? Terra, Calics, "Chancha" Fernández, Palavecino, Navarro, Lorenzo Carrabs, Cueto y La Rosa, Ricardo Viera, "Sapuca", Alejandro Guerra, Gastón Pezzuti y el inmenso Franco Armani dejaron su huella en la institución, inolvidable para todos. Seguramente he olvidado alguno en la lista, pero la historia los hará recordar, tanto a los criollos como a los foráneos. Antes de sus primeros títulos, otros dirán que antes de 1989, Nacional estaba encasillado como un equipo de provincia. Se equivocan. Nacional quiso ser y ya es un club grande, el más grande de Colombia. 1989 y la primera Copa Libertadores solo fue un punto dentro de su evolución, al llenar el Estadio El Campín -por normativa de la Conmebol- y derrotar al Olimpia paraguayo; desde ahí, muchos colombianos se han hecho hinchas del Verde fuera de su "frontera natural", sin importar su origen y sus características sociales. Anapoima, mi tierra, y mi persona, como nativo y residente en ella, no han sido ajenas a lo que es Atlético Nacional como un movimiento social. Buena parte de mis conocidos son hinchas del Verde, no por nada, en mi salón de clase el equipo con el que más simpatizaba el grupo es Nacional. La inmigración hacia esta meseta desde Antioquia y el Eje Cafetero han aumentado el número de hinchas verdolagas. Anapoima se vuelve un río de alegría cada vez que Nacional logra un título, sin importar si es local o internacional. Yo, soy hincha del Verde desde que recuerdo ese penal de Leonel Álvarez ante Olimpia en Bogotá. Anoche, Nacional recibió un regalo acorde a la fiesta que preparó para esta celebración derrotando justamente al Once Caldas. Hoy, desde Punta Gallinas hasta Leticia, desde Tumaco hasta la Piedra del Cocuy, todos aquellos que simpatizamos con ese equipo que viste de verde y blanco y juega en un hermoso lugar llamado Estadio Atanasio Girardot recordamos todos aquellos momentos que nos han hecho gozar de alegría, en especial esas dos Copas Libertadores de América que nunca olvidaremos.
No siendo más, ¡Feliz Cumpleaños, Club Atlético Nacional! ¡Muchas gracias por estos setenta años de pasión y gloria! ¡Soy del Verde, soy feliz!
Hoy domingo, asistí a un evento realizado por la Compañía Nacional de Chocolates y su marca insignia, el inolvidable Chocolate Corona, el cual consumíamos con suficiencia en nuestra vida en Las Mercedes. La pasé muy bien, me encontré con muchos conocidos, disfruté de un sol increíble -tanto que parecía Anapoima- y probé nuevas recetas con chocolate, dejándome muy asombrado la preparación con achiras, que supera el "fuera de concurso" y que perfectamente califica como alimento adictivo.
Aparte de poder disfrutar un domingo en Bogotá, el cual hace algún tiempo no lo hacía y dicho sea de paso, quería disfrutarlo con Don Norman, supe que en otros sitios realizaron otros eventos que captaron la atención de buena parte de las personas que viven en la capital y que a su vez, se mantienen conectadas a través de las redes sociales. El clásico español -Real Madrid contra Barcelona en Madrid-, una carrera atlética y una función de una obra teatral muy promocionada, fueron esos eventos. Muchos fueron a esos eventos, haciendo la aclaración consistente en que un importante prestador del servicio de televisión satelital promocionó la transmisión del clásico en varios centros comerciales.
Sé que todos aquellos que asistieron al menos a uno de estos eventos, han disfrutado de estos planes dominicales con entusiasmo y con la satisfacción de alegrarse al menos por unas cuantas horas. Y todo esto, refuerza un concepto que siempre he tenido respecto a los gustos de cada quien, hay eventos para todos. Y si hoy estuve ahí, puede que el siguiente domingo esté allá y el subsiguiente más allá, que lo que realmente importa es que me encuentre bien y satisfecho con el plan que elegí.
Hoy sí pude viajar a Bogotá, y el plan, diseñado desde el lunes y postergado por ese asunto de salud, era visitar en su último día una exposición fotográfica sobre aves que se mostraba en un salón cerca a la Estación Flores. Madrugué, me arreglé, salí, y sobre las siete ya estaba en Bogotá, para hacer luego el tránsito en un bus del SITP y llegar antes de las ocho y media al salón.
Una ansiosa espera por ver qué habían capturado en nuestros entornos rurales me puso algo nervioso, y sobre las nueve, ingresé por primera vez a la exposición. Aún no había llegado el autor, pero, así, solo, observé detenidamente una por una las fotografías de la misma. Salí con un poco de sinsabor, la persona que me atendió y decido dar una vuelta por las cercanías, como por hacer tiempo como para averiguar cosas que necesitaba en mis labores.
Vuelvo, y me encuentro con Álvaro Andrés, el autor de la exposición, con el fin de conocerlo y de . Este retorno, fue mucho más detenido y animado en cuanto al recorrido de la exposición. Supo elegirlas, y como uno podía elegir su favorita, elegí una de un pico de plata, la cual fue lograda en alguna montaña de San Juan de Rioseco. Hubo varias fotografías que se capturaron en Cundinamarca. Y otras tantas, en los Llanos y en los paisajes cenagosos del Magdalena. El tiempo pasó lento, y créanme, puede ser Álvaro Andrés un herpetólogo, pero hizo muy bien su trabajo logrando una exposición de una familia tan distinta a la que maneja.
Mi entorno, también ha estado rodeado de aves, y no solamente de corral. Por Anapoima, cruzan muchas especies de aves, entre migratorias, ornamentales e incluso, carroñeras. Mi familia, por ambos lados de sangre, ha poseído muchas aves, inclusive, de especies que no se pueden tener en casa. A Don Norman le encantan los turpiales. Doña Myriam prefiere especies ornamentales, y ahora, tiene una lorita que heredó de su última aventura comercial. En ocasiones, veo bandadas de canarios por algunas partes de Anapoima, buscando semillas o trocitos de fruta, logrando su objetivo.
Es triste para mí ver, que algunos inconscientes tiran chicle mascado al piso para que estas aves se atoren al intentar tragárselo y se asfixien. También, es triste ver cómo los árboles que no solo adornan, sino que también refrescan el entorno nuestro, están desapareciendo, y con ellos, los nidos que estos animales forman para multiplicarse y llevar, cuando pueden las semillas para que otras especies de plantan crezcan en el mundo. Esta visita, me dejó una enseñanza clara, si cuidamos nuestro entorno, nuestros bosques, nuestros llanos, nuestras ciénagas, nuestras montañas, cuidamos a nuestras aves y ellas seguirán adornando con su canto cada mañana.
A todos nos gusta la pizza, y no soy la excepción. Es más, me gusta mucho una variedad que algunos detestan hasta con las vísceras, aquella denominada hawaiana, que trae piña. Y cuando tengo oportunidad de pedirla -es decir, cuando se me antoja- la pido. En casa, tengo un sitio muy particular para degustar ese alimento -se llama Asados Tatay, queda en la Carrera 2 o Camellón con Calle 5-, y suelo visitarlo seguido, en especial los días sábados. No sobra decir que la especialidad de la casa es el patacón gigante aderezado con mezclas a elección.
Hoy, coincidencialmente, fui dos veces. La primera, a "almorzar", sobre las cuatro de la tarde. Pedí pizza hawaiana y limonada. Como siempre, me encantó. Olvidaba contarles, que ahí las pizzas personales no las hacen como se acostumbra, horneando la porción gigante para fraccionarla en ocho o doce trozos, se hace una masa circular equivalente en masa a la triangular y se hornea, con el fin de ahorrar harina y otros ingredientes. Sin demeritar la otra especialidad, por esa forma de hacer las pizzas es que Tatay se ganó fácilmente un recuerdo en el imaginario de todos los que poblamos Anapoima.
No sé qué bicho me picó, pero en la noche, volví allá. Solo pedí una limonada, quería descansar y tenía algo de comida en casa. Cuando me la tomo, pasa el dueño, y le dice a los meseros:
"No se les olvide la hawaiana para él".
Inmediatamente, atino a responder:
"¡No se preocupe, ya había venido por eso esta tarde!"
Todos sonrieron, sí. El venir tan seguido a Tatay para pedir, por lo general, el mismo plato, hace que me traten un poco mejor que a otras personas. Salí más contento que de costumbre. Como siempre, hago el deber de volver allá, haya gente o no. Me importa poco y nada si siempre veo desordenadas las mesas, si me toca esperar para que desocupen al menos una silla, si en ocasiones tengo que compartir mi mesa, no me interesa. Allá siempre me han tratado bien y cuando uno es bien tratado, ¿cómo se recompensa eso? Pues, volviendo.
Ayer, había planeado pernoctar donde Don Norman, en Funza, y para ese fin, debía quedarme en Centro Chía, aquel centro comercial reconocido ubicado al norte de Bogotá y ahora con una seria competencia un poco más hacia el norte, sabana adentro. Pues bien, en aquella tarde, sobre las cinco y veinticinco, y cargado con mi maleta y con algunas cosas que por cuestión de espacio, debía cargar en la mano.
Esas "algunas cosas", no eran más que botellas plásticas, que había reunido durante mi estadía y lógicamente, contenían bebidas que sabiamente consumí en su momento. Con toda la carga, me le medí a caminar desde Centro Chía hasta el terminal, cruzando por la famosa Avenida Pradilla para llegar por el parque principal. Y en un punto intermedio de ese recorrido, sucedió todo.
Pasaba sobre la glorieta del McDonald's y como ahí es bastante difícil cruzar ese paso sin estar pendiente del tráfico vehicular, tuve mucha precaución de no ser atropellado. Cuando estaba terminando ese paso, cruza frente a mí una camioneta gris, tripulada por una pareja joven, siendo el hombre el que conducía. Él me pregunta: "Oiga, ¿no le gustaría recibir una camisa que me sobra?"
Quedé sumamente atónito cuando vi esa escena, pero no pude replicar antes de que aquel hombre me dijera "venga, tómela". Sin tiempo para pensar, porque debía pasar rápido, la tomé y ellos se perdieron entre el tráfico. Cuando los perdí de vista, me dije, "¿qué estarían pensando?" Seguramente pensaron, que por lo que llevaba en la mano, sería un reciclador, pero no le di mucha importancia y continué para hacer una parada en el Éxito, para comprar bebida y seguir hacia el terminal.
Después de casi una hora de caminata, abordo el bus que me dejaría en mi destino final, donde Don Norman. Apenas descargo y le cuento todo lo que pasó allá en Chía. Él no podía creerlo, y me pidió que mostrara la camisa, en Chía apenas pude tocarla unos segundos. La vi detenidamente, ¡y la muy condenada resultó ser de marca reconocida! Otro detalle, estaba un poco sucia, pero eso se corregía con una buena lavada.
Don Norman seguía sorprendido y notamos otro detalle, el color. Era rosada. A pesar de que estaba muy elegante, no me agrada mucho ese color para mi ropa. Solo debíamos revisar un detalle, la talla. Don Norman pregunta qué talla es y yo le digo que es talla L. Acto seguido, se la prueba, y como él no es nada tonto, se la probó y se la quedó. Decidió que la tomaría para trabajar.
Así terminó una camisa rosada que me regalaron dos desprevenidos que creyeron que soy un reciclador, cuando en realidad soy un peregrino, un caminante eterno dentro de este mundo. Don Norman recibió algo que le servirá mucho en sus labores. Y gracias a esta locura, que solo suele sucederle a la gente de mi patria amada, también viví aquella frase que reza "las apariencias engañan".
Anoche, Nacional visitó a Millonarios en El Campín. Tres días antes, el equipo titular jugaba en Brasil el ansiado partido ante Chapecoense por la Recopa Sudamericana, aquella serie que debió jugarse si no hubiera sucedido esa tragedia que a todos nos afectó. Cierto fue, pese a ese golazo de Macnelly Torres, que no fue un gran partido, que el equipo tuvo muchos errores defensivos y que si se sigue así, no vamos a pelear por nada.
Millonarios quería aprovechar ese irregular momento en las competiciones internacionales de nuestro Verde, y quería, como todos sus hinchas, derrotarlo a como diera lugar. Nosotros, los verdolagas, con algo de preocupación esperábamos cómo se plantearía el partido con parte de la nómina titular y cómo nos animábamos con algunas hazañas logradas por el Verde en sus visitas al Campín, como este hermoso taconazo de Juan Guillermo Ricaurte en el 2002.
El primer tiempo fue igual de perverso, incluso peor, que el partido completo en Chapecó. Errores defensivos, fáciles llegadas por las bandas por parte de los jugadores azules, falta de generación de opciones defensivas. Y todos los insultos, iban para un jugador en específico, John Édison Mosquera. Dadas las cosas, parecía Nacional una evocación de aquella selección griega de la Eurocopa del 2008.
El segundo tiempo inició con mayores riesgos. Millonarios generó las suficientes oportunidades para ganar el partido, incluso con una mayor diferencia. Nacional también las tuvo, e incluso el vituperado Mosquera tuvo una clara para convertir. Ambos técnicos -Reinaldo Rueda y Miguel Ángel Russo- no querían hacer cambios pronto. Incluso, se le pedía a Rueda que ingresara a un jugador de características muy diferentes, me refiero a Andrés Felipe Ibargüen. Ingresó faltando cinco minutos, y en ese poco tiempo, alcanzó a darle un revulsivo, pero sin frutos.
Llegó el minuto 89, y en una jugada increíble generada por Alejandro Bernal, quien terminó pasándola a Aldo Leao Ramírez para que disparara cruzado y venciera la portería azul. ¡1-0 a favor y en El Campín! Medio país apostaba por el empate entre los dos rivales más enconados de la primera división. Ni yo mismo lo creía. Ese último minuto y los tres que añadieron, fueron eternos, porque Millonarios intentó generar opciones para empatar y porque Nacional estuvo como si un bebé hubiese metido los dedos en un tomacorriente.
¡Finalizó el partido! ¡El invicto se mantiene! A pesar del irregular desempeño del equipo de mis amores, me sentí muy contento. El regalo que siempre he querido recibir en vivo, lo recibí a la distancia, escuchando el partido por la radio y siguiéndolo por las redes sociales. Algún día, veré a Nacional allá, en la casa grande del fútbol bogotano, lastimosamente, los extremos que han generado algunos aficionados hacen difícil el poder asistir con tranquilidad. Pero, insisto, ese día llegará.
Hoy asistí a una chocolatada en el salón comunal del municipio donde me encuentro, organizada por los estudiantes de grado undécimo de la Institución Educativa Departamental. Se cruzaba, en parte, con la programación de la Fase Municipal de los Juegos Intercolegiados, pero no fue impedimento para que ambos eventos coexistieran y buena parte de la población que habita esta pequeña urbe asistiera.
Dudé, porque no quería gastar dinero en la boleta, pero el hecho de poder hacer algo muy distinto a la rutina me facilitó las cosas. Pasadas las seis, llegué al salón solo y busqué un lugar, quería una mesa, pero la gran mayoría estaba ocupada y no hubo de otra que buscar una silla y sentarme cerca a una pared. Poco a poco, los miembros más distinguidos de esta sociedad -del alcalde hacia abajo, para que me entiendan- llegaron y se nutrió la asistencia al evento.
El personero fungió como maestro de ceremonia y así, con algo de improvisación, todo inició. Un famoso juego llamado bingo fue el acompañante perfecto de la chocolatada, que terminó siendo "tamalada" porque al final ofrecieron un suculento tamal para cenar; estuvo muy delicioso el plato. Hubo ganadores y al menos tres empates, y por supuesto, no gané nada, como suele suceder en esas pocas oportunidades de jugar en cosas así. Pasadas las diez, el evento terminó en su parte esencial, y de ahí salí, aquejado de algunas molestias en mi sistema digestivo, que me dejaron cierta preocupación.
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Hacía muchos años que no jugaba bingos, la última ocasión que recuerdo fue uno que hicieron para apoyar a la escuela de baloncesto, allá en Anapoima. Esa vez mis sistemas nervioso y circulatorio estuvieron muy a prueba, debido a la ansiedad que produce ese juego, por el mismo afán de ganar. Hoy, mantuve la calma durante buena parte del evento. Pero, yo quiero además contar otra cosa.
No soy devoto de los juegos de azar. No me atraen. Pienso que es una forma muy mala de gastar el dinero y el tiempo. Para ganar, se necesita invertir mucho tiempo, como en los bingos y mucho más dinero, como en los demás. ¿Han calculado cuál es la probabilidad de ganarse un chance o la lotería? ¿Lo han hecho con el Baloto? A veces, aborrezco las rifas por las mismas respuestas, pero por necesidad, he tenido que realizarlas, pero sabiendo apuntar el premio -suelo hacerlas con temas deportivos- para que los demás participen con gusto. Y muchos otros, han debido realizarlas, para -inclusive- saciar sus necesidades más básicas. Eso no quiere decir que no colabore con una rifa, cuando son personas de confianza quienes la realizan, suelo apuntarme; igualmente cuando se realizan con causas justas.
Volviendo a lo que es el chance, la lotería, y el mismo Baloto, dejé de jugarlos por la forma como invierten lo que pagamos por esos juegos, que se supone debe ir a la salud de nuestro país. Le perdí la confianza desde que supe lo de los escándalos de corrupción protagonizados tanto por algunas loterías como por las entidades de salud. Esa plata, terminó en manos de unos pocos que la invirtieron en mansiones lujosas y en autos de alta gama, no en mejorar nuestro atribulado sistema de salud.
Y peor aún, le sumo a esto los casinos y sus máquinas tragamonedas, o "tragaperras", como muchos vulgarmente les dicen. He conocido casos de algunos allegados que se enviciaron con esas malditas máquinas. Sueldos desperdiciados por horas y horas frente a una caja que puede dar un suculento premio, que es demasiado difícil de conseguir. Gente que olvida a su familia por andar embobada pensando en sacar tres limones o tres sietes y llevarse el premio mayor. Le huyo a esos sitios, en serio.
Hay que saber gastar el dinero, queridos amigos. Y no son buenas ideas derrocharlo en estas cosas con frecuencia. Llega siempre un momento que hará arrepentirse por priorizar eso en vez de una necesidad puntual.
En buena parte de las décadas de los ochenta y los noventa, existió un futbolista gaúcho -se les dice así a los oriundos del sur de Brasil, más exactamente del estado de Río Grande del Sur-, lateral izquierdo, llamado Claudio Ibrahim Vaz Leal, conocido por todos como Branco. Nacido un día como hoy de 1964 en la ciudad de Bagé, inició su carrera profesional en el Colorado, el Internacional de Puerto Alegre para luego, en 1982, llegar al Fluminense. En 1986, luego de integrar la selección nacional que participó en el Mundial de México, atiende el llamado del Brescia, donde duró dos años. Integró al Oporto y al Génova, para retornar en 1993 al eterno rival de los colorados, el Gremio.
Retornó al Fluminense en 1994 para preparar el Mundial de Estados Unidos, el cual ganó con Brasil, y ya con treinta años, inició una correría muy particular por el mundo, resumida en estadías en Corinthians, en Flamengo, un retorno al Internacional, en el Middlesbrough, en el MetroStars de Nueva York, en Mogi Mirim y una última en Fluminense, donde se retiró en 1998, agobiado por serios problemas de sobrepeso.
Es muy recordado, no solo por su excelsa capacidad para disparar desde media y larga distancia, por ser la víctima de los famosos bidones de Bilardo en el Mundial de 1990. Es el cuarto jugador en su posición con mayor número de partidos con la selección brasilera. Y para cerrar este texto, los dejo con el gol que lo inmortalizó en la historia.
Aquella última vez, allá en el 2012, tenía la certeza de seguir, pero no de dónde vivir. Esa vez, debí renunciar. Y eso que había un elemento que creía que mi forma de ser y de ver las cosas, en especial en ser agradecido -y no un lambón como ese elemento creía, quizá le faltó cariño en la infancia- no era la forma correcta de ser persona. Con el dolor en el alma, pero con la conciencia limpia porque sabía lo que hacía, porque supe qué hice y porque a esas personas que confiaron en mí en aquel fin de año para llegar apenas pasara el Año Nuevo les gustó mi forma de trabajar. Tan sencillo como eso.
Me dolió dejarlos, porque querían que me quedara, pero el sueldo no me alcanzaba para vivir en aquel paraje y debía, por necesidad, hacer algo extra que me permitiera tener un mejor nivel de vida. No pude conseguirlo. ¡Hasta hubo compañeros que me dijeron que no me fuera, que me ayudarían! No se pudo. La decisión que había tomado, con algo de pesar en el corazón, no tenía reversa. Si quería cumplir, debía vivir en ese paraje.
Hoy siento todo lo contrario. Tengo dónde quedarme y alimentarme, pero no es segura mi continuidad. Si me quedo, sería por un mes más. Aún estoy enfermo, pero no con el malestar de hace días. Hay oposiciones, pero sé que hay muchas cosas que están fallando dentro de lo que me corresponde y me permite hacer esa tarjeta gris. Si no las mejoro, ¿cómo hago para que lo demás funcione? Ojalá esa gente que se opone, aprenda un poquito. Espero, eso sí, que lo que resulte, sea mejor.
Dos días antes, el domingo, decidí no salir lejos por la sencilla razón de viajar el siguiente fin de semana hacia Anapoima para disfrutar las festividades y hacer algo extra que dejase dinero. Pues bien, al saber que tendría con cierta cercanía algo que me interesa de buena manera, decidí planear ese viaje para disfrutarlo.
Para este año, la Federación de Fútbol y la División Mayor del Fútbol Colombiano decidieron realizar una liga profesional para la rama femenina. Solo dieciocho equipos de los treinta y seis que disputan las divisiones superiores de nuestro profesionalismo se apuntaron desde finales del año pasado para participar, con notabilísimas ausencias como las de Atlético Nacional, Millonarios y Deportivo Cali. Esos dieciocho equipos, se dividieron en tres grupos regionales -por aquello de la cercanía geográfica- para enfrentarse en partidos de ida y vuelta, donde clasificarán los dos primeros equipos de cada grupo y los dos mejores terceros, con el fin de enfrentarse en llaves de eliminación directa y definir al campeón de esta primera edición del fútbol profesional femenino.
Cundinamarca adoptaría a dos equipos para esta liga, ambos correspondientes a sus pares de las divisiones masculinas, el "desplazado" Cúcuta Deportivo, quien llegó allá gracias a que el Departamento de Norte de Santander y la Alcaldía de Cúcuta le cerraran las puertas por no ser organizados, y Fortaleza, un club bogotano que había descendido el año pasado de la Primera División y decidió dejar el Distrito para buscar afición en las poblaciones vecinas. Zipaquirá decide adoptar a estos equipos, en el histórico Estadio Los Zipas, renombrado como Héctor "Zipa" González, en honor a una gloria del Independiente Santa Fe y participante de la selección que participó en el Mundial de Chile, y obviamente, oriundo de la Capital Salinera.
Los equipos femeninos del Cúcuta y de Fortaleza jugarían en ese estadio y ambos quedaron sembrados en el Grupo B, el que corresponde a los equipos del centro del país. En ese día, sobre las once, Fortaleza recibiría a La Equidad; Cúcuta ya había jugado cuatro días antes ante el Atlético Huila en el mismo escenario y a mediodía. Transcurría una mañana muy fría y la lluvia amagaba con llegar. Yo simplemente me desperté a la hora correcta, para llegar pasadas las ocho y recorrer un poco la ciudad, pero en un increíble incidente, casi me atropella una camioneta en la esquina del Instituto La Salle; era de suponer que un borracho estaba manejándola y de lo mal que estaba, se estrelló contra un portón de ese colegio.
Antes de las once, regreso al sector del estadio, coincidencialmente llamado "Barrio Liberia", tal cual se llama el barrio donde vivo en casa y donde también se ubica el estadio de allá. Compro la boleta y me devuelvo para recargar la batería del teléfono en una tienda cercana, merendando también. Poco a poco veo cruzar simpatizantes de ambos bandos y con el tiempo justo para ingresar, vuelvo al estadio, pero con una sana excepción, pude ingresar el bolso y el maletín sin problemas. ¿Qué riesgo podía existir allá adentro?
Protocolo de rigor y a jugar. Ambos equipos querían ofrecer lo suyo, pero realmente están muy lejos de los equipos favoritos del grupo, el Cúcuta y Santa Fe. Ambos equipos traían su base aficionada, Fortaleza se conformó con la base del club Besser y del equipo de la Universidad Sergio Arboleda, La Equidad se armó con su escuela de fútbol y algunos refuerzos provenientes de Atlético Nacional. La jugadora más experimentada, en cuanto a su nivel, era Jackeline Fonseca, ex-integrante de la selección Sub-20 que jugó el Mundial del 2010; se esperaba mucho de ella. El partido no fue tan animado, fue más bien intenso y con oportunidades de gol para ambos bandos, pero el que supo capitalizarlas fue Fortaleza, quien ganó 2-0.
Llovió sobre el segundo tiempo y la gramilla, magistralmente cuidada por los funcionarios del Instituto Municipal de Cultura, Recreación y Deporte de Zipaquirá, respondió muy bien al fenómeno. El público sufrió mucho con el frío -hubo un momento en el que literalmente, me congelé-, pero no paró de animar a sus equipos; había padres, madres, abuelos, amigas, amigos y demás familiares de las jugadoras. ¡Hasta con el cuerpo arbitral se ensañaron en su momento! ¡Ese arbitraje estuvo muy irregular!
Pasada la una y cuarto, finalizó el partido. Entrevistas de rigor y todo lo demás, hasta un cumpleaños fue celebrado en los camerinos. Yo ya debía pensar en el regreso. Salgo rápido y me devuelvo hasta el centro para buscar algo de comer, comprar un nuevo maletín y una batería externa para el Lumia, aprovechando también el recorrido para reconocer sitios familiares. Antes de las cuatro, me devolví, un conocido me recogió en la Plaza de Mercado y antes de las dos horas ya estaba de nuevo en mi morada.
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Es bueno ver que las máximas entidades del fútbol en Colombia se preocupen por el futuro del deporte para ellas, con todos los éxitos que ha traído la selección mayor y las juveniles en los últimos nueve años. Pensar para volver a un Mundial y a unos Olímpicos y seguir mostrando la capacidad de nuestras mejores jugadoras en las canchas del mundo, donde algunas han encontrado un lugar en las ligas de mayor prestigio. Seguramente, todas ellas desearían jugar en su tierra natal y demostrarle a los incrédulos que pueden jugar también como sus contrapartes de género.
Ojalá la iniciativa se mantenga y mejore. Muchas chicas practican el fútbol en buena parte del país derrotando al machismo y enseñándonos que el deporte con el que muchos gozamos también es para ellas. En casa decidieron ampliar la escuela de fútbol para ellas, con las deportistas que integraban los procesos de fútbol de salón y por simple deducción, respaldo de corazón la iniciativa. Los otros clubes que no participaron en esta edición de la liga femenina, ya deben estar trabajando para estar el próximo año.
No olvidemos, que estuvimos a poco de lograr una medalla en un mundial femenino. No olvidemos, que derrotamos a una de las mejores selecciones de Europa en otro y que ahí mismo se le plantó cara a la que se considera la mejor selección femenina del mundo. No nos burlemos de ellas. Han superado muchos comentarios negativos y ofensivos para llegar donde están.
Por último, quiero decir que hay que apoyar y motivar a las mujeres para que practiquen un deporte. Qué bonito sería ver que más mujeres, desde su infancia, no solo jueguen con sus juguetes sino que también corran, pateen, voleen, driblen, pedaleen, patinen, lancen y así, hasta llegar a todos los movimientos posibles que fundamenten los deportes. No es solo del hombre esto. Así, podemos llegar también a la anhelada igualdad que todos deseamos.