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viernes, 15 de marzo de 2019

Treinta y uno: A un mes.

Hoy quería viajar.  Decidí que no lo haría, sino hasta el próximo viernes.

Más que nunca, extraño mi casa.  Hace casi mes y medio que no viajo hasta allá.  La distancia desde este sitio y mi tierra hacen imposible el viajar cada semana.

El próximo fin de semana es de fiesta en Anapoima y el artista que me interesaba observar -Orlando "Cholo" Valderrama- se presentará el día en el cual estaré viajando.  No alcanzo a llegar, por supuesto.  Igual, el sábado espero estar desde temprano, arreglando asuntos, visitando familiares y disfrutar un poco de las fiestas, pero sin excederme.

Necesito ese respiro, esta semana fue inmunda, una reverenda y completa porquería.  Quiero olvidarla.  Consideré dejar este puesto de inmediato.  Pero, existe una pequeña motivación, y precisamente, este domingo la tendré.

Por ahora, sigo con la cuenta regresiva.  Hoy inicié un descanso merecido para cortar de tajo el estrés.  ¿Tendré algún regalo?  Eso espero.


viernes, 15 de febrero de 2019

A dos meses.

No hace mucho, celebré a mi manera los seis meses que llevo en mi actual trabajo.  Los celebré en el único lugar donde puedo hacerlo, mi amada Anapoima.  Un largo viaje con escalas diversas, con madrugadas, con frío, con ganas de olvidar muchas cosas malas y tratar de olvidar las cicatrices del alma, pues aparte de las que llevo, un incidente familiar hirió mucho a mi padre, quien a su vez, de a poco supera la partida de sus padres, mis abuelos.

A pesar de que esta experiencia me ha generado algo de estabilidad, los problemas no faltan y provocan ganas de dejar todo botado y regresar a casa de inmediato.  Pero no puedo.  Mi familia me pidió que asumiera este reto y aquí estoy.  Tengo otro reto que debo asumirlo con mi propio esfuerzo y el cual me permitirá recuperar parte del tiempo perdido después de aquella afrenta del 2004.

En casa, disfruté del amanecer y del atardecer, cosas que me dan energía y ganas de seguir adelante, no por nada, pese a la expresión de tristeza y amargura que suelo cargar, son las imágenes que me dan un motivo para no dejar esta existencia.  Una diligencia, arreglar la casa, otra diligencia larga, dormir un poco y salir de nuevo a contemplar la brillantez de esta meseta fue el plan.

Otra vez caerá ese día en Semana Santa, pero no caerá en los festivos.  Igual, no sé si las personas que deseo que estén a mi lado puedan estar en esa jornada.  Quizá compre algo grande para mí, o algo que de veras requiera.  Quizá haga una fiesta.  Pero lo que seguramente sé, es que estaré en casa para celebrarlo.  Mientras tanto, mi vida está en otro lugar para aportar todo lo que sé y cambiar la mentalidad de muchas personas.


martes, 1 de enero de 2019

Un año nuevo trágico.

En aquella Nochevieja, llegué justo a tiempo para desear el Año Nuevo, pero llegué a casa empapado por la inesperada, fuerte y corta lluvia que cayó apenas llegó el 2018 a este país y a esta meseta.  Sin poder hacer el plan que siempre hago apenas llega un nuevo año, no quedó más remedio que dormir y pensar en que amanecería bastante nublado y frío en Anapoima.

Cuando llegué al "trabajo", disfruto del amanecer y observé algo muy raro, había en la cuneta rastros de sangre y de tejido humano.  Algo grave había pasado.  En el segundo piso de aquel edificio, estaba parte de la familia propietaria del "trabajo" y luego de haber lavado por partes ese sector, les pregunté si habían notado algo raro.  Y efectivamente, algo raro sucedió, pero luego lo contaré.

Los rumores y las certezas iban y venían, pero así como pasaron, transcurrió el día, trabajando fuertemente para ganarme la otra vida.  Me fue bien, sí, pero el sinsabor de las noticias malas llegaría cuando supe que en ese punto habían atropellado a alguien y que estaba en una situación muy delicada de salud.

A los pocos días, ese alguien falleció, dejando un hueco sensible en nuestra sociedad.  Y al día de hoy, lo extrañamos, porque su canto al vender empanadas era característico y casi todos le compraban una empanada a diario.

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Cuando vi ese charco de sangre revuelto con tejidos, di por hecho que habían atropellado o masacrado a alguien en aquel Año Nuevo pasado por agua y frío, pero nunca supe de entrada quién fue.  Cuando supe que era el "paisa" que vendía empanadas en su bicicleta y cantaba con un característico falsete "¡em-panadas calieeenteees!, que no me agradaba mucho, me entristecí, porque buena parte de mis paisanos le compraba siempre aquella masa frita y rellena de arroz y legumbres a diario y de a poco, desde cuando migró a mi amada tierra, se ganó el corazón de todos.  De hecho, formó una familia con una paisana.

Creo que solo le compré una empanada a Ericsson, en una jornada de mi evento en el Polideportivo de Liberia, quizá por desidia, quizá por no simpatizarme, quizá por no soler comprar empanadas, nunca lo supe exactamente.  Hoy, hace un año, sus particulares descuidos con el alcohol combinados con la imprudencia de un conductor irresponsable, segaron su vida luego de varios días de lucha para sobrevivir.  Hoy, lamento de nuevo su partida y lamento no haberle comprado una empanada más.  Que Dios lo tenga siempre en su santa gloria.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Milagro en las alturas: El Cienciano campeón de la Sudamericana 2003.

En aquellas tierras altas del Cusco, se fundó en 1901 un club rico en historia pero modesto en éxitos deportivos denominado Cienciano, el cual desde los años setenta hasta mediados de esta década se convirtió en un animador del fútbol profesional peruano, aprovechando la altura de la ciudad y convirtiéndose en uno de los referentes de la afición del sur de ese país.

En el 2003, gracias a una gran campaña liguera en su pasada temporada, donde también participó por primera vez en la Copa Libertadores de América, consigue el cupo a la Copa Sudamericana, donde el sistema de juego lo encuadró contra un equipo tradicional, el Alianza Lima, el cual venció 1-0 en ambos partidos, clasificándose para la segunda ronda, donde disputaría la serie contra la Universidad Católica de Chile.

Un 4-0 categórico ante los cruzados en el Cusco pudo significar una clasificación segura, pero en Santiago, pese a un autogol, la Católica luchó para igualar la serie, pero apenas le alcanzó para un 3-1 que los dejó por fuera.  Los imperiales estaban dando pasos de gigante, pero en cuartos de final, el Santos de Pelé los esperaba.


El partido de ida, en Villa Belmiro, fue un presagio de lo que sufrió el "Peixe" al año siguiente en Copa Libertadores.  Un autogol de Álex a los setenta y un minutos le daba la victoria a Cienciano, pero Robinho empató el juego seis minutos más tarde.  En el Cusco, Germán Carty abrió el marcador a los once minutos, pero Elano igualó muy pronto; el mismo Carty, a los treinta y cuatro, dejó el marcador 2-1 y la clasificación para los rojos, que enfrentarían al Atlético Nacional, finalista de la edición anterior.


El partido de ida, en el Atanasio Girardot, fue un verdadero aguinaldo para Cienciano.  Y digo aguinaldo, porque un defensor llamado Aguinaldo Aquivaldo Mosquera le regaló el balón a Germán Carty -rechazó hacia el centro sin percatarse que el peruano estaba muy atento para recibirlo- para que venciera a Milton Patiño.  El mismo Mosquera y Miguel Llanos fueron expulsados antes de finalizar el primer tiempo, y para el segundo, Iván "Champeta" Velásquez empata el partido para darle una luz de esperanza a los verdolagas.  Paolo Maldonado ingresa para darle salida al equipo, y gracias a otro horror defensivo, esta vez de Carlos Díaz, gana un balón largo para acomodarse dentro del área y colgar a Patiño.  Inesperada victoria peruana en Medellín y a Nacional le esperaba una difícil tarea en el Cusco.


Tanto fue, que en vez de darle importancia a esta serie, el Verde decidió priorizar la liga y envió un equipo mixto al Perú.  Apenas se acomodó la defensa, de nuevo Carty anota un gol decisivo, venciendo a Andrés Saldarriaga.  El partido no destacó demasiado, pero Juan Carlos La Rosa tuvo una oportunidad a través de un disparo largo que terminó en el vertical izquierdo de Saldarriaga y Carlos Lugo falló un penal que pudo darle más holgura a la clasificación.

La final se jugaría contra uno de los grandes argentinos, el Club Atlético River Plate.  En aquella noche veraniega de Buenos Aires, la fiesta estaba armada en Núñez y los hinchas "millonarios" querían una goleada, pero no fue así.  A los veintiséis minutos, Julio García levantó un tiro de esquina con destino Santiago Acasiete, él cabecea al palo derecho de Franco Constanzo y el rebote queda justo para que Giuliano Portilla la empuje con potencia para abrir el marcador.  Nadie podía creerlo.

Dos minutos más tarde, Maximiliano López, aquel delantero que fuese más reconocido por sus escándalos sentimentales que por su accionar, elude con una finta la marca de Lugo y derrota a Óscar Ibáñez con un disparo cruzado y rasante.  En el segundo tiempo, un cambio de frente encuentra muy bien posicionado a Eduardo Coudet, quien avanza hacia el área, hace un pase de la muerte que Ibáñez no puede cortar y "Maxi" López apenas llega con presteza para empujar suavemente el balón a gol.

Minuto veintidós del segundo tiempo, Cienciano se toma confianza.  Llanos levanta un centro desde su costado y Germán Carty, muy bien ubicado, cabecea picado para vencer por debajo de las piernas a Constanzo.  El Monumental volvía a enmudecer.  Y seguía así, gracias a un excepcional cabezazo de Portilla a centro vía tiro libre de Maldonado, anticipándose a la salida de Constanzo.  3-2 a favor del equipo cusqueño.  Pero, a cinco minutos del final, apareció la estampa del "Matador", del chileno Marcelo Salas, quien aprovechando un intento fallido de Christian Tula, cabecea ante el intento acrobático de Acasiete de evitar el gol.


River Plate tuvo muchas oportunidades para golear, pero su mala puntería, la suerte e Ibáñez fueron fundamentales para este 3-3, el cual Cienciano lo aprovecharía a su favor, aunque las circunstancias no lo favorecerían para la final.  No podrían jugar en su casa, el Inca Garcilaso de La Vega, pues no cumplía con las disposiciones de la Conmebol y a su vez, estaba remodelándose para la Copa América 2004; deberían hacerlo en Arequipa, más exactamente en el Estadio de la Universidad Nacional de San Agustín.  En una ciudad más baja en altura sobre el nivel del mar, pero que ya conocían gracias a que debían visitar al Melgar en el tradicional "Clásico del Sur" en el Torneo Descentralizado, los imperiales recibirían a los de la banda cruzada en una verdadera fiesta.

River Plate olvidó que estaban jugando fuera de casa y se tomó confianza, liderando las acciones.  Marcelo Gallardo tuvo una oportunidad muy clara desde media distancia, pero su disparo se fue directo al palo izquierdo de Ibáñez.  Luis Óscar "Lucho" González también tuvo la suya, luego de cabecear sin oposición un balón proveniente de un tiro libre, pero Ibáñez estuvo muy atento para desviar el balón hacia la esquina.

El segundo tiempo fue terrible para Cienciano.  La Rosa comete una imprudencia al rechazar un balón, pero la exageración de Óscar Ahumada hace que el árbitro uruguayo Gustavo Méndez lo amoneste por segunda vez y lo expulse.  Pero, en el minuto 32, una falta contra Alessandro Morán a unos treinta metros de la línea de gol, es transformada en un golazo de Carlos Lugo que desató la locura en todo el Perú.


A seis minutos del final, García es expulsado, quedándose los cusqueños con nueve jugadores, pero solamente quedaba aguantar hasta que Méndez pitara el final.  Llegó ese ansiado momento, y la cancha de la UNSA fue invadida por todos los integrantes del Cienciano, al igual que fue invadido el corazón de todos los peruanos, desde Tumbes hasta Tacna, desde el Amazonas hasta el Titicaca, por lo hecho por un club de provincia que apenas destacaba en su liga.

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Esta hazaña del Cienciano fue repetida al año siguiente por otro club de provincia en la Copa Libertadores, el Once Caldas de Manizales, quien en su camino, y eso que sufriendo en octavos de final ante el Barcelona ecuatoriano, dejó en el camino a Santos, a Sao Paulo y a Boca Juniors, consiguiendo la clasificación a la Copa Intercontinental.

Volviendo a nuestros protagonistas, clasificaron a la Recopa Sudamericana 2004 que se jugó en Septiembre, en Fort Lauderdale.  Un gol de Carlos Tévez a los treinta y tres minutos les daría algo de seguridad, pero Rodrigo Saraz, un compatriota que se formó en Nacional y tuvo un largo trasegar por varios clubes de provincia en el Perú, empató el partido faltando un minuto para su final.  Al finalizar el tiempo reglamentario, se decidió jugar la tanda de penales, y Óscar Ibáñez emergió como la figura del partido al atajarle los disparos a Carlos Tévez y a Fabián Vargas.

Cienciano tuvo muy buenas campañas después de este éxito, que lo consagraron como el único club peruano que logró ser campeón de dos torneos internacionales oficiales, cosa que no pudieron lograr los grandes de Lima -Alianza Lima, Sporting Cristal y Universitario de Deportes-.  Pero, una crisis dirigencial -incluyendo un robo de dinero realizado por un jugador que hizo parte de esta gesta, César Ccahuantico- lo llevaron al descenso en el 2015, situación de la cual espera salir pronto.  Freddy Ternero, el técnico que pese a sus errores lideró un equipo valeroso, unido, serio y efectivo, llegó a la selección peruana -luego de un interinato en 1997- donde apenas logró ganar la Copa Kirin, se dedicó a la política y falleció en Septiembre del 2015 gracias a un cáncer. 

Óscar Ibáñez, Santiago Acasiete, Carlos Lugo, Alessandro Morán, Giuliano Portilla, Juan Carlos Bazalar, Paolo Maldonado, Juan Carlos La Rosa, Julio García, Rodrigo Saraz, Germán Carty, Maurinho Mendoza, Alexander Araújo, Martín García, Miguel Llanos, César Ccahuantico, Carlos Ibarra, Carlos Lobatón, Ramón Rodríguez, Roberto Holsen, Ernesto Zapata, Abel Lobatón y Jean Garrafa.  Esa fue la nómina campeona de un club que para esta fecha cumplió ciento dos años y aunque desearon ganar algo en el 2001, lo lograron pocos años después, con gloria y brillo para su palmarés.

¿Volverá el Cienciano a ser grande como lo fue en esa noche mágica arequipeña?  ¿Volverá el fútbol peruano a ser un grande de Sudamérica?  Lo mostrado para llegar al Mundial de Rusia no puede ser un simple accidente, sus clubes lo tienen todo para repetir una hazaña así; solo la dirigencia, que no puede ser un retrato de "Laura en América", necesita creer que sí se puede.

viernes, 6 de julio de 2018

Papelón sudamericano.

Por primera vez desde el Mundial del 2006, no habrá ni un solo equipo de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) en las semifinales de esta edición mundialista que se realiza en Rusia.

¿Que si eso es un papelón?  Lo es.  Desde el proceso eliminatorio de 1998, se ha dicho que la Eliminatoria Sudamericana es la más difícil del mundo, y se asume que los equipos que clasifican vienen con un cierto nivel de exigencia y de competencia que les permite enfrentar a cualquier equipo del mundo, pero la realidad es otra.

¿Qué ha sucedido dentro de las federaciones que conforman la Conmebol?  ¿Qué han hecho para lograr una copa que ha sido esquiva para Sudamérica desde el 2002?  ¿Dónde están los procesos?  ¿Han buscado rivales de peso para preparar los Mundiales?  ¿Han invertido en las categorías menores?  ¿Han invertido realmente en su deporte núcleo?  ¿Han fortalecido sus ligas profesionales?

La corrupción, las crisis políticas -un claro ejemplo ha sido la Argentina de este siglo-, y la guerra descarnada por apropiarse de todo lo que involucre un balón pateado han hecho del fútbol sudamericano un quiero y no puedo.  De nada sirve tener a los mejores jugadores del mundo en Europa si apenas los vemos jugar bien en una liga nacional para venderlos al mejor postor.  De nada sirve tener los sambenitos de "la enésima mejor liga del mundo" si no somos capaces de adoptar para antier las medidas que impone la FIFA.

Perú se quedó en primera ronda, Argentina clasificó con pena a octavos y fue eliminada, Colombia fue eliminada en la misma fase y hoy eliminaron a Uruguay y a Brasil en los cuartos de final de la Copa Mundial que se realiza en Rusia, y en serio, si Sudamérica no se pone atenta a sus propios problemas, sus selecciones seguirán navegando en el mar de la intrascendencia dentro de sus competencias internacionales, aumentando la sequía de Copas Mundiales para el continente.

domingo, 11 de febrero de 2018

"Noche de los mejores".

El 8 de Diciembre del año pasado, apenas regresé de Medellín para visitar Busworld, tenía programada una jornada del evento deportivo que realizaba, la Fase Municipal del Torneo Mil Ciudades de Colombia.  Con suficiente antelación, mejor dicho, desde el mismo congreso técnico del evento, le notifiqué a todos los participantes que en esa semana no se programaría ningún partido durante esa semana, por ese viaje que ya estaba planeado desde finales de Agosto; todos los asistentes estuvieron de acuerdo y considero, de entrada, que así deben hacerse las cosas para evitar inconvenientes y cosas de esas que puedan enlodar el desarrollo de cualquier proyecto.

En el segundo día del viaje -el inaugural de Busworld-, me estaba recuperando de un absurdo resfriado que me tuvo bastante mal, y en esa mañana, alguien muy cercano me llamó para informarme sobre e invitarme a un evento que se realizaría en el mismo sitio donde se realizaba un evento gastronómico, es decir, el actual Parque Principal.  Respondí de inmediato que no asistiría, porque tenía jornada de mi evento programada apenas pisara suelo anapoimuno, y porque mediaban unas razones muy fuertes para no asistir a eventos de ese estilo, las cuales explicaré mejor en lo que adjunto en las siguientes líneas.

Convaleciente, terminé la visita y regresé a casa ese viernes, al despuntar el alba.  En la tarde me fui tranquilo al Polideportivo de Liberia y había programado la jornada de forma que pudiese quedar al día, pero solo se jugó un partido, escuchen bien, ¡un partido!  Los otros dos, terminaron en incomparecencia porque en un caso, no avisaron con tiempo sobre la asistencia a ese evento del parque y a los otros les dio flojera, y en el otro caso, pudo más la pereza que otra cosa.

Supe, días después, que se me entregaría una condecoración por apoyar al deporte, o qué se yo.  Redacté una carta rechazando la distinción, por esas mismas razones muy fuertes.  Prometí en ese documento que se lo haría llegar al alcalde, y eso hice este sábado que pasó, pues supe que estuvo algo delicado de salud y hasta este mes regresó en plenitud de condiciones.

Con lo que adjunto a continuación, demuestro, como lo he hecho con todas las personas que me conocen, apreciándome o queriéndome enviar a una tumba, que sigo siendo la misma persona de siempre, y que como lo he sido los últimos años, no estoy para aplaudir arrogancias, ni paparruchadas ni plagios descarados.  Recuerdo muy bien lo que pasó en aquel Junio del 2008 y eso, queridos amigos, nunca se olvida.

Adjunto las copias de ese documento, pues a decir verdad, es fastidioso transcribir tal cual ese documento aquí y es considerable ante ustedes no cargarles demasiado ni la vista ni la percepción.  De todo corazón, agradezco esta lectura y las respuestas que reciba de parte de ustedes.  Quiero que ustedes conozcan cómo es la vida aquí y cómo debe hacer alguien al que han aplastado muchas veces a placer y en su propia tierra, todo porque piensa diferente y porque no sigue las costumbres que nos han hecho una sociedad mediocre, conformista y poco considerada.

 

jueves, 10 de agosto de 2017

Una década. (¡Felices 390 Años!)

Solo quedan diez años para que esta meseta cumpla su cuarto centenario de fundación.

Se han celebrado cosas, se han hecho ceremonias, ¿pero de qué sirven, si todavía siguen muchos problemas?

En diez años, muchos de nuestros líderes que han hecho a Anapoima grande y reconocida, seguramente no estarán entre nosotros.  En esos diez años, ya seremos más viejos y debemos haber resuelto los problemas que nos aquejan.  En ese tiempo, los líderes que han dicho ser los que han sido los mejores líderes en la historia de nuestra patria tendrán que tragarse sus palabras.

En diez años, tendremos que erradicar los vicios que nos dejaron en casi treinta.  En diez años, debemos dejar de ser tan mediocres, tan conformistas, tan desagradecidos con el trabajo ajeno.  En diez años, Anapoima debe ser la que intentó ser antes del final del Siglo XX, con un parque precioso, con un espacio público manejable, con funcionarios que sepan que la belleza no sirve si no funciona adecuadamente y con funcionarios públicos que sepan que primero le sirven a su pueblo y no a un grupo en particular.

Camino somos de ser otra Cartagena, una ciudad que oculta su cara más desagradable para agradar a unos pocos personajes con billetes de alta denominación.  Debemos garantizar el empleo para todos nuestros nativos, no ser la bolsa de empleo de nuestros vecinos.  Muchos de nosotros no podemos emplearnos en nuestra propia tierra porque no somos "caribonitos" ni somos del agrado personal de aquellos que podrían requerir nuestros servicios; todos vienen de afuera y con derecho a pisotear a placer el esfuerzo que han hecho muchos de mis paisanos.

Se vislumbra el nuevo acueducto que resolverá nuestra carencia más grande, el suministro de agua todos los días.  Esperemos que esto beneficie más a los que viven en los barrios y no a aquellos que vienen cada tres semanas a ver si no les robaron nada.  Deseo que la Banda Municipal de Anapoima vuelva a ser grande como hace veinte y treinta años, no el plato de segunda mesa al cual la condenó un innombrable.  Deseo, que nuestras autoridades no se sigan dejando matonear en el tema del "Plan Retorno", que tanto afecta al norte anapoimuno.  Deseo, que no sean populistas en el tema de los eventos deportivos y aprendan que del gasto solo queda la olla rota.

En fin, Anapoima cumplió con pompa trescientos noventa años de fundación como un poblado dentro de la Colonia.  Hay mucho por hacer, y de todos nosotros depende que la poquita identidad que tenemos, la misma que se está perdiendo porque somos unos mediocres y conformistas, siga viva en el 2027, si es que seguimos vivos para esa tarde.

sábado, 3 de junio de 2017

Patrioterismo de Instagram.

Durante las últimas semanas, muchos aficionados colombianos destilaron todo lo peor que puede ofrecer un oriundo de este país en cuanto a su conducta frente a una personalidad pública.  Palabras de todos los calibres, incluyendo groserías, eran lanzadas en contra de uno de los mejores futbolistas franceses de la historia, y que a su vez, es el actual técnico del Real Madrid, el gran Zinedine Yazid Zidane.

Todo radicó en las decisiones que tomó frente a un jugador del citado club, y para variar, colombiano.  Me refiero a James Rodríguez, un mediocampista que llegó a Madrid por una importante suma de euros a engrosar la plantilla del club merengue.  Florentino Pérez, presidente del equipo -y odiado en este país por hacer parte de uno de los casos de corrupción más sonados en los últimos años, el caso Commsa- se prendó de su talento luego del Mundial de Brasil y fue una pieza importante tanto para Carlo Ancelotti como para José Mourinho.  Pero, la llegada de otros jugadores con similares características, como Isco, Lucas Vázquez o Marco Asensio, lo pusieron en desventaja -mostraron lo que tenían en la recta final de la liga española y en la Liga de Campeones de la UEFA- y sumado a varias declaraciones muy desafortunadas, le granjearon el desdén del técnico francés, que, como para salir un poco avante frente a la asfixiante prensa española, habló muy bien del talento nacional en no pocas ocasiones.

Esos hechos causaron, de forma increíble, el repudio por parte de algunos aficionados colombianos, que se desquitaron en la cuenta oficial de Instagram de Zidane con improperios.  Y como Zidane no es tonto, hoy cobró por la derecha todas esas ofensas, no dejó ni siquiera en el banco de suplentes a James Rodríguez en la final de la Liga de Campeones de la UEFA contra la Juventus.  ¿Karma?  No, qué va.  Apenas es una muestra de sentido común.  Si hubiesen existido las redes sociales para los tiempos donde Carlos Valderrama estaba jugando para el Montpellier, pasando una situación similar con Pierre Mosca, el mismo Mosca hubiera cobrado igual...

¿Qué gana este país insultando a una gloria del fútbol mundial en las redes sociales?  Sigo insistiendo, ¿nos da de comer lo suficiente ver cómo un seleccionado nacional de fútbol juega o no en un club prestigioso?  Problemas más graves está sufriendo este país en estas fechas como para darle importancia a la alopecia y a las decisiones de un director técnico.  Y por no darle la importancia a lo que corresponde, los dirigentes de este país nos seguirán metiendo los goles que nos están metiendo.

Por último, el Real Madrid ganó (4-1) y la Juventus tuvo la concurrencia de otro colombiano, Juan Guillermo Cuadrado.  Lo expulsaron en cinco minutos por pisar a Sergio Ramos.  No más preguntas, su señoría.

martes, 16 de mayo de 2017

¿Por qué no le celebro el Día de la Madre a la mía?

En un texto anterior, describí los peores defectos que puede tener una madre frente a su hijo, y mi propia madre es una fiel exponente.  Ayer tuve un día perverso gracias a esas cualidades, aquellas que como padre y la persona que desee estar conmigo, no le podemos transmitir a los que seguirán detrás.  No concibo que la persona que supuestamente me dio la vida, me maltrate, tanto con palabras, como con gestos, como con actuaciones.  No permito, que ella en vez de ponerse de mi parte, se ponga del lado de todos aquellos que me han hecho daño, tanto en casa como afuera.  No permito tampoco, que me exija ser alguien cuando ella ni siquiera es capaz de ser coherente con esas cadenitas estúpidas de WhatsApp que pretenden "animarme"; sabe ella que detesto eso, cuando las envían personas que no aplican lo que citan.

Desde hace muchos años, por lo que cito, no le celebro su día a ella.  No lo merece.  Una madre debe animar a su hijo en los peores momentos, y así niegue que me haya agredido menos que a mis hermanos, lo ha hecho de formas infames y deleznables, más que a ellos.  Las recuerdo todas una por una.  A un hijo no se le levanta la mano nunca.  Nunca se la he alzado a ella premeditadamente, ella sí a mí y eso nunca se lo perdonaré.  En algún momento me he defendido, pero he evitado consecuencias peores.  Debe aprender.  Por ella cargo con mucha furia y resentimiento en el semblante.  Por ella, muchas veces resuelvo de mala forma las cosas.  Ayer fue la tapa y justificó otra vez mi negativa.

Por cosas así, mi familia ya deja de ser mi familia.  ¿Quién puede ayudar a que una familia funcione, si la cabeza en vez de ser un ejemplo, demuestra todo lo contrario?  Y cada año que pasa, mantendré mi posición negativa, el de no celebrar más ese día para esa persona, hasta el día que deba abandonar este mundo.

domingo, 30 de abril de 2017

¡Setenta años de pasión y gloria!

Hoy, hace setenta años, unos dirigentes visionarios, liderados por Alberto Villegas Lopera, registraron como sociedad el Club Atlético Municipal, cambiando su denominación tres años después por Club Atlético Nacional.

A lo largo de estos setenta años, lidiando con muchos vericuetos y con las ansias de ser el mejor club de fútbol en Colombia, pasaron por sus filas los mejores jugadores del país y otros tantos extranjeros, que con algo de esfuerzo y ayudados con su prestigio, se hicieron un lugar en el recuerdo y en el corazón de todos sus hinchas.  "Turrón" Álvarez, "Chonto" Gaviria, Largacha, Moncada, "Comanche" Salgado, Vilarete, Retat, Maturana, Sarmiento, Herrera, Ricaurte, todos los héroes de 1989, Asprilla, Aristizábal, Serna, Ángel, Milton Patiño, los héroes de la segunda Copa Libertadores, son aquellos que la patria le dio al Verde de la Montaña para hacerse grandes y hacer a este club más grande.

¿Los extranjeros?  Terra, Calics, "Chancha" Fernández, Palavecino, Navarro, Lorenzo Carrabs, Cueto y La Rosa, Ricardo Viera, "Sapuca", Alejandro Guerra, Gastón Pezzuti y el inmenso Franco Armani dejaron su huella en la institución, inolvidable para todos.  Seguramente he olvidado alguno en la lista, pero la historia los hará recordar, tanto a los criollos como a los foráneos.

Antes de sus primeros títulos, otros dirán que antes de 1989, Nacional estaba encasillado como un equipo de provincia.  Se equivocan.  Nacional quiso ser y ya es un club grande, el más grande de Colombia.  1989 y la primera Copa Libertadores solo fue un punto dentro de su evolución, al llenar el Estadio El Campín -por normativa de la Conmebol- y derrotar al Olimpia paraguayo; desde ahí, muchos colombianos se han hecho hinchas del Verde fuera de su "frontera natural", sin importar su origen y sus características sociales.

Anapoima, mi tierra, y mi persona, como nativo y residente en ella, no han sido ajenas a lo que es Atlético Nacional como un movimiento social.  Buena parte de mis conocidos son hinchas del Verde, no por nada, en mi salón de clase el equipo con el que más simpatizaba el grupo es Nacional.  La inmigración hacia esta meseta desde Antioquia y el Eje Cafetero han aumentado el número de hinchas verdolagas.  Anapoima se vuelve un río de alegría cada vez que Nacional logra un título, sin importar si es local o internacional.  Yo, soy hincha del Verde desde que recuerdo ese penal de Leonel Álvarez ante Olimpia en Bogotá.

Anoche, Nacional recibió un regalo acorde a la fiesta que preparó para esta celebración derrotando justamente al Once Caldas.  Hoy, desde Punta Gallinas hasta Leticia, desde Tumaco hasta la Piedra del Cocuy, todos aquellos que simpatizamos con ese equipo que viste de verde y blanco y juega en un hermoso lugar llamado Estadio Atanasio Girardot recordamos todos aquellos momentos que nos han hecho gozar de alegría, en especial esas dos Copas Libertadores de América que nunca olvidaremos.

No siendo más, ¡Feliz Cumpleaños, Club Atlético Nacional!  ¡Muchas gracias por estos setenta años de pasión y gloria!  ¡Soy del Verde, soy feliz!

domingo, 23 de abril de 2017

Para todos hay eventos.

Hoy domingo, asistí a un evento realizado por la Compañía Nacional de Chocolates y su marca insignia, el inolvidable Chocolate Corona, el cual consumíamos con suficiencia en nuestra vida en Las Mercedes.  La pasé muy bien, me encontré con muchos conocidos, disfruté de un sol increíble -tanto que parecía Anapoima- y probé nuevas recetas con chocolate, dejándome muy asombrado la preparación con achiras, que supera el "fuera de concurso" y que perfectamente califica como alimento adictivo.

Aparte de poder disfrutar un domingo en Bogotá, el cual hace algún tiempo no lo hacía y dicho sea de paso, quería disfrutarlo con Don Norman, supe que en otros sitios realizaron otros eventos que captaron la atención de buena parte de las personas que viven en la capital y que a su vez, se mantienen conectadas a través de las redes sociales.  El clásico español -Real Madrid contra Barcelona en Madrid-, una carrera atlética y una función de una obra teatral muy promocionada, fueron esos eventos.  Muchos fueron a esos eventos, haciendo la aclaración consistente en que un importante prestador del servicio de televisión satelital promocionó la transmisión del clásico en varios centros comerciales.

Sé que todos aquellos que asistieron al menos a uno de estos eventos, han disfrutado de estos planes dominicales con entusiasmo y con la satisfacción de alegrarse al menos por unas cuantas horas.  Y todo esto, refuerza un concepto que siempre he tenido respecto a los gustos de cada quien, hay eventos para todos.  Y si hoy estuve ahí, puede que el siguiente domingo esté allá y el subsiguiente más allá, que lo que realmente importa es que me encuentre bien y satisfecho con el plan que elegí.

sábado, 15 de abril de 2017

Cero: Un amargo día.

Sobran las palabras.  En mi propia casa me amargaron mi día, mi cumpleaños.  Ni el postre que me dejaron, ni las ocupaciones que tuve, mitigaron ese sentimiento.  Como ha sido costumbre, han sido pocas llamadas y mensajes los recibidos.  La noche fue corta, porque había que ganarse el regreso; no bebí ni una gota de licor ni departí con los que conozco.

Solo queda decir que en días así, nunca dejen solas a las personas, en especial a los más allegados.  Una palabra que venga desde el corazón, siempre es bienvenida.  Y si ese receptor necesita una señal para alegrarse, todavía se recibirá con agrado esa palabra.

Ya son treinta y tres abriles encima.  El futuro es incierto y quizá pinte feo.  Estos quince días que restan serán cruciales.  Pero, hoy, el día que quería al menos pasar con una sonrisa en el rostro, se dañó.

viernes, 14 de abril de 2017

Uno: Cambio de recorrido.

Hoy, como en los últimos años, realicé el Viacrucis por el mismo recorrido de los últimos años, pero con una pequeña diferencia, ya no se ascendería el cerro, sino que se continuaría por la vía principal de la Vereda San Judas.  Fue el primero del nuevo sacerdote que tiene la parroquia de este poblado, prácticamente recién llegado.  Como siempre, dentro del plan primaba el espíritu sobre el cuerpo, pero la mayor extensión del nuevo recorrido hizo pagar una factura que duró muchas horas.

Otra consecuencia, fue el no poder divisar mi casa, como lo acostumbraba.  El afán de regresar hacia el centro no me permitió siquiera pensar en intentar ascender el cerro.  Aún así, disfruté de todo.  ¿Y el resto del día?  Sencillo, debí ganarme la vida.  Pude disfrutar un poco más del ambiente festivo del centro, aún más cansado por lo hecho desde bien temprano.  El servicio de datos de los operadores celulares falló durante buena parte del día.  Y claro, hay que preparar lo que será el ansiado día de mañana.

jueves, 6 de abril de 2017

Nueve: El azar.

Hoy asistí a una chocolatada en el salón comunal del municipio donde me encuentro, organizada por los estudiantes de grado undécimo de la Institución Educativa Departamental.  Se cruzaba, en parte, con la programación de la Fase Municipal de los Juegos Intercolegiados, pero no fue impedimento para que ambos eventos coexistieran y buena parte de la población que habita esta pequeña urbe asistiera.

Dudé, porque no quería gastar dinero en la boleta, pero el hecho de poder hacer algo muy distinto a la rutina me facilitó las cosas.  Pasadas las seis, llegué al salón solo y busqué un lugar, quería una mesa, pero la gran mayoría estaba ocupada y no hubo de otra que buscar una silla y sentarme cerca a una pared.  Poco a poco, los miembros más distinguidos de esta sociedad -del alcalde hacia abajo, para que me entiendan- llegaron y se nutrió la asistencia al evento.

El personero fungió como maestro de ceremonia y así, con algo de improvisación, todo inició.  Un famoso juego llamado bingo fue el acompañante perfecto de la chocolatada, que terminó siendo "tamalada" porque al final ofrecieron un suculento tamal para cenar; estuvo muy delicioso el plato.  Hubo ganadores y al menos tres empates, y por supuesto, no gané nada, como suele suceder en esas pocas oportunidades de jugar en cosas así.  Pasadas las diez, el evento terminó en su parte esencial, y de ahí salí, aquejado de algunas molestias en mi sistema digestivo, que me dejaron cierta preocupación.

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Hacía muchos años que no jugaba bingos, la última ocasión que recuerdo fue uno que hicieron para apoyar a la escuela de baloncesto, allá en Anapoima.  Esa vez mis sistemas nervioso y circulatorio estuvieron muy a prueba, debido a la ansiedad que produce ese juego, por el mismo afán de ganar.  Hoy, mantuve la calma durante buena parte del evento.  Pero, yo quiero además contar otra cosa.

No soy devoto de los juegos de azar.  No me atraen.  Pienso que es una forma muy mala de gastar el dinero y el tiempo.  Para ganar, se necesita invertir mucho tiempo, como en los bingos y mucho más dinero, como en los demás.  ¿Han calculado cuál es la probabilidad de ganarse un chance o la lotería?  ¿Lo han hecho con el Baloto?  A veces, aborrezco las rifas por las mismas respuestas, pero por necesidad, he tenido que realizarlas, pero sabiendo apuntar el premio -suelo hacerlas con temas deportivos- para que los demás participen con gusto.  Y muchos otros, han debido realizarlas, para -inclusive- saciar sus necesidades más básicas.  Eso no quiere decir que no colabore con una rifa, cuando son personas de confianza quienes la realizan, suelo apuntarme; igualmente cuando se realizan con causas justas.

Volviendo a lo que es el chance, la lotería, y el mismo Baloto, dejé de jugarlos por la forma como invierten lo que pagamos por esos juegos, que se supone debe ir a la salud de nuestro país.  Le perdí la confianza desde que supe lo de los escándalos de corrupción protagonizados tanto por algunas loterías como por las entidades de salud.  Esa plata, terminó en manos de unos pocos que la invirtieron en mansiones lujosas y en autos de alta gama, no en mejorar nuestro atribulado sistema de salud.

Y peor aún, le sumo a esto los casinos y sus máquinas tragamonedas, o "tragaperras", como muchos vulgarmente les dicen.  He conocido casos de algunos allegados que se enviciaron con esas malditas máquinas.  Sueldos desperdiciados por horas y horas frente a una caja que puede dar un suculento premio, que es demasiado difícil de conseguir.  Gente que olvida a su familia por andar embobada pensando en sacar tres limones o tres sietes y llevarse el premio mayor.  Le huyo a esos sitios, en serio.

Hay que saber gastar el dinero, queridos amigos.  Y no son buenas ideas derrocharlo en estas cosas con frecuencia.  Llega siempre un momento que hará arrepentirse por priorizar eso en vez de una necesidad puntual.

lunes, 20 de marzo de 2017

Veintiseis: Un reinado extraño.

El actual presidente de los Estados Unidos -conocido como el Pato Donald- vendió hace poco una de sus propiedades, la organización de Miss Universo, seguramente marrada por varias polémicas declaraciones y que incluso dentro de Colombia generaron más polémica.  Los nuevos dueños, decidieron mover las fechas de realización de su evento y eso afectó la organización del Concurso Nacional de Belleza, que normalmente se realizaba en Noviembre dentro de las festividades de la Independencia de Cartagena.

El evento en mención fue trasladado para este fin de semana, pero con algunos cambios que buscaban revitalizarlo en cuanto a sus transmisiones televisivas.  Pero, yo lo vi muy apagado, muy distinto, sin la parafernalia de años anteriores.  Hasta las mismas polémicas no resuenan como antes lo hacían.  Las entidades estatales ya no invierten dinero en el Concurso -de hecho Cundinamarca dejó de participar en el evento por una decisión de la Gobernación hace unos pocos años- y las candidatas deben tocar las puertas de la empresa privada.

Hoy las redes sociales se volcaron de cierta forma hacia el evento, como por olvidar un poco la realidad, y terminó ganando la representante de Cartagena; los que saben, dicen que es difícil repetir los éxitos de las tres últimas ediciones de Miss Universo.  Lo cierto, es que poco a poco el país le ha dejado de poner atención a esta manifestación.  Y como cada noche cercana al 11 de Noviembre, al siguiente amanecer, la nueva reina posará con la palenquera.

domingo, 19 de marzo de 2017

Veintisiete: Volviendo a las raíces.

Seré corto, pues empezando, no soy muy devoto de las danzas, y segundo, normalmente para este fin de semana me ocupo; aún así, pude llegar a tiempo para observar la clausura del Encuentro de Danzas que normalmente se realiza para estas fechas en Anapoima -recordemos que el año pasado se realizó en Mayo-.

Un detalle me sorprendió muchísimo, no hubo premiación.  ¿Qué motivó al Municipio de Anapoima el volver al concepto estricto de "encuentro"?  ¿Será que criticaron en altos estamentos el hecho de premiar en versiones anteriores?  No entendí de entrada, de acuerdo.  Debatí de inmediato esta decisión con algunos camaradas y considero que fue demasiado radical la decisión, teniendo en cuenta que muchos grupos vienen desde bastante lejos y que asistieron menos grupos que en anteriores ediciones.

Seguramente la decisión la mantendrán por los dos años restantes que quedan de administración, corriendo con un serio riesgo, consistente en que no vendrán grupos reconocidos a participar del encuentro.  Solo el tiempo lo dirá.

sábado, 18 de marzo de 2017

Veintiocho: Un larguísimo regreso a casa.

Tarde llegué y aquí estoy.  Después de siete horas de viaje, compartiendo bus con algunos paisanos, contando historias y experiencias de mi actual trabajo.  Como en todo, preguntando cómo estaban y cómo estoy.  No pude llegar más temprano porque hubo congestión en el Terminal al llegar desde el primer bus y porque en mi empresa favorita no despacharon más vehículos, cuestión que muchos en Anapoima critican hasta donde se puede.

No ignoré la posibilidad de disfrutar un poco el ambiente fiestero de Anapoima para estos tres días.  Me perdí la presentación de Alfredo Gutiérrez, había escuchado el rumor sobre su concierto en casa, pero fue en el bus donde lo confirmaron.  Hice mi recorrido habitual y a esta hora, descanso.  Mañana me espera una buena jornada para hacer algo más de dinero y poderme sostener.

martes, 1 de noviembre de 2016

Noche mágica, noche alegre.

Ayer se celebraba Halloween, que en estos lados se le quitó el sentido oscuro, maligno y diabólico para dejarlo como el "Día de los Niños".  Se acostumbra siempre ponerse un disfraz y celebrar, y en el caso de los más pequeños, ellos acostumbran salir por las calles y pedir dulces a los vecinos o a la gente que se cruza en su ruta.  Por supuesto, aquí no fue la excepción.

En estos últimos años de administraciones liberales, este municipio ha acostumbrado hacer una fiesta especial para los niños, donde se instalan algunos juegos y los mismos funcionarios y contratistas de la administración municipal reparten dulces a los niños que asistan.  Algunos comerciantes, en sus negocios, también participan en la repartición, y algunos adultos, dentro del halo de la nostalgia, también se disfrazan e incluso participan de la tradición.

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Yo tuve un día agitado.  Madrugué lo suficiente, lidié con algunas situaciones y terminé temprano.  Fue satisfactorio.  Al haber despuntado la mañana, alguien dejó en el trabajo dos bolsas de dulces para repartir y un trabajador cedió la que le entregaron aduciendo el no gustarle esos confites.  Cuando terminé y entregué cuentas, pedí llevarme una de las bolsas para repartirla cuando fuese hacia el centro.  Otra la dejé abierta y lista por si los niños llegaban temprano a pedir.  Así, con el panorama planteado, fui a cortarme el cabello y regresé a casa con un atardecer bastante oscuro; sobre las dos pensé que llovería en Anapoima, tronó, venteó y el cielo hacia el oriente me hicieron pensarlo.

Tenía la seria intención de disfrazarme, así fuese con las combinaciones que podía darme mi propia ropa para ese fin, pero al ducharme desistí.  Ceno y con algo del cansancio haciendo residuos en mi físico, de nuevo regreso al centro y a cada paso veo más personas disfrazadas, tanto niños como jóvenes y adultos.  Ya venía armado con la bolsa y paro en el parque, para proseguir hacia el Polideportivo, el cual vi vacío e inmediatamente me devuelvo.

En el parque, decido abrir la bolsa y repartir los dulces, iniciando con los niños de algunos conocidos.  En un santiamén acabé esa bolsa, cerca al supermercado.  Compré otra bolsa y en la misma puerta del supermercado se arremolinaron muchos niños y otros tantos padres de familia y en otro santiamén se fue.  Haciendo caso al corazón y al sentido común, fui por otra bolsa y ni siquiera me dejaron avanzar cinco metros respecto a la puerta, muchos niños esperaron por sus dulces.  También, con rapidez, se fue la otra bolsa, ya fueron tres en total.

Pensé en ese momento en el bien que había hecho, en mi propia niñez y en cómo esas pocas veces donde podía salir a pedir dulces eran fructíferas.  Había olvidado dejar dos cosas en el trabajo y fui a dejarlas como corresponde, aproveché para pedir la otra bolsa y terminar con la tarea, no sin antes ingresar a una tienda de conveniencia -se llama "Justo y Bueno"- para aprovisionarme de otra bolsa por si se acababa la que retiré.  El gasto ya se había hecho, solo había que dejar con una sonrisa a los niños.

En cierto momento, por poco me alteran porque como en algún momento lo comenté, la gente -los niños y jóvenes en esa noche- no sabían pedir.  Abusivamente metían las manos frente a mi humanidad para arrebatarme un dulce.  Apenas podía dar de a uno o de a dos para poder dejarle algo a los demás en la correría.  La bolsa se acabó y ya podía cantar victoria, el mal momento había pasado.

Cuando recorro el parque, me encuentro con algunos conocidos y los saludo, hasta llegar a donde estaba Robinson, quién sí se disfrazó, de un mimo bien parecido a Marcel Marceau.  Le ofrecí algo de tomar y fui de nuevo al supermercado, aunque ya con un inconveniente, ya había algo de fila en las cajas.  Regreso y veo algunas caras por ahí y entrego unos pocos dulces, la fiesta estaba finalizando.  Me senté y conversé con algunos camaradas sobre deporte y cosas por ahí, mientras contemplaba de reojo cómo todos aquellos que asistieron a esa fiesta regresaban a sus casas.  Al poco tiempo, pasé por otro lugar, donde recibí una cerveza, y como ustedes saben, no bebo alcohol ni demasiado ni con frecuencia, así que fue suficiente para recuperar las ganas de descansar y así regresé a casa.

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Al cruzar el largo camino a casa desde el centro, me sentí muy contento por lo que hice.  Quizá, desde antes de regresar.  Me sentí, como en aquella ocasión con esa persona, empeñado en retribuirle en otras personas lo que muchos han hecho por mí.  El haber gastado esa suma de dinero no importó.  Fui niño y recibí muchas cosas que a duras penas podía conseguir con mis propios medios.  Quería unirme a la fiesta como los demás pudieron hacerlo, disfrazados, con las caras pintadas, con una máscara, pero no se pudo, en otra ocasión se podrá, personalmente no soy muy devoto de los disfraces.

Mi alma y mi conciencia están tranquilas y felices por ese acto de fe y de generosidad de anoche.  Lo repetiré sin pena ni limitación alguna.  Es algo que puedo hacer antes de que llegue la hora, si llega.  Por último, cierro con este texto que dejé plasmado en otra red social:

"Trece mil pesos.  Más de cuatrocientos dulces repartidos.  Ver a los niños de mi casa felices no tiene precio".

miércoles, 10 de agosto de 2016

Once para cuatrocientos.

Hoy Anapoima, mi casa, cumplió trescientos ochenta y nueve años de fundación.

Como el año pasado, no pude disfrutar de la fiesta, pero pude conseguir antes de esta fecha el libro que entregaron en la fiesta del 2015, pero que fue acaparado abusivamente por la misma gente.

Siento que a once años de celebrar nuestro cuarto centenario, nos hacen falta las mismas cosas que nos han faltado por quince, veinte y veinticinco años.  El agua, un centro médico de mejor categoría, carreteras veredales en mucho mejor estado, más trabajo para los nativos.

Hoy tuve fecha de mi evento, y eso también influyó para no poder disfrutar del aniversario de mi patria.  Pero con eso, aporté a la celebración.  No dejo de ser de aquí, por más nacido en Bogotá que sea y por más deseos de renunciar a este sentir que haya tenido.

Muchos llegarán a viejos para esta anhelada fecha, quizá yo lo quiera inconscientemente y con otro futuro.  Otros nos abandonarán en este tiempo, seguro.  Pero, muchos de mis paisanos harán cuentas para ver este precioso día, el día en el que un oidor fundó un poblado en estas tierras cercanas al Río Magdalena.


miércoles, 27 de julio de 2016

¡Campeón de América!

Hoy, veintisiete años y cerca de dos meses después, vuelvo a ver al equipo de mis amores como campeón de la Copa Libertadores de América.

Hoy, mi casa se volvió un lugar feliz, gracias a que los hinchas verdolagas que pueblan este lugar se volcaron en masa para ver en una pantalla de televisión al Atlético Nacional luchar contra ese aguerrido equipo ecuatoriano llamado Independiente del Valle.

Muchos hinchas verdolagas no habían nacido para aquella noche del 31 de Mayo de 1989, aquella vez donde se derrotó al Olimpia para igualar la serie e igualmente en la eterna serie de penales donde René Higuita se convertiría en leyenda.  Hoy, todos aquellos hinchas jóvenes podrán decirle a sus descendientes que vieron a Nacional alcanzar la gloria en el continente.

Hoy también fui feliz.  Desde aquel lejano recuerdo del penal de Leonel, esperaba ansioso volver a ver al club colombiano con el cual me identifico como campeón continental.  Ese gol tempranero de Miguel Ángel Borja y la consecuente ansiedad por ver correr el reloj que marcaba cada periodo generaron tal felicidad, y ojalá se repita pronto en la Copa Sudamericana.

Se viene esa durísima competición y el Mundial de Clubes, donde seguramente enfrentaremos al Real Madrid.  Esperemos que todo salga muy bien para nuestro Verde, amado por muchos y odiado y envidiado por otros tantos.

Ojalá otra felicidad llegue pronto...

¡Muchas gracias, Atlético Nacional campeón!