viernes, 15 de marzo de 2019

Treinta y uno: A un mes.

Hoy quería viajar.  Decidí que no lo haría, sino hasta el próximo viernes.

Más que nunca, extraño mi casa.  Hace casi mes y medio que no viajo hasta allá.  La distancia desde este sitio y mi tierra hacen imposible el viajar cada semana.

El próximo fin de semana es de fiesta en Anapoima y el artista que me interesaba observar -Orlando "Cholo" Valderrama- se presentará el día en el cual estaré viajando.  No alcanzo a llegar, por supuesto.  Igual, el sábado espero estar desde temprano, arreglando asuntos, visitando familiares y disfrutar un poco de las fiestas, pero sin excederme.

Necesito ese respiro, esta semana fue inmunda, una reverenda y completa porquería.  Quiero olvidarla.  Consideré dejar este puesto de inmediato.  Pero, existe una pequeña motivación, y precisamente, este domingo la tendré.

Por ahora, sigo con la cuenta regresiva.  Hoy inicié un descanso merecido para cortar de tajo el estrés.  ¿Tendré algún regalo?  Eso espero.


jueves, 14 de marzo de 2019

Treinta y dos: Un día sin redes sociales.

Durante el día de hoy, las redes sociales de propiedad del señor Mark Zuckerberg -Facebook, WhatsApp e Instagram- sufrieron una caída a nivel mundial, y por supuesto, muchas personas que dependen en exceso de ellas sintieron algo muy parecido a un síndrome de abstinencia.  Otros tantos, asumieron tal impase con serenidad y continuaron con sus vidas normales.

Por mi parte, debía entregar un trabajo muy denso de mi maestría, y como en ocasiones no entendía, me refugiaba a ratos en otras actividades.  Pude, aunque sufrí.  Pero hoy, este día que se acaba, fue distinto para todos, quizá anormal.  ¿Fue más productivo?  Quizá también.

Hoy seguí aprendiendo a no depender tanto de las redes sociales.  Lo necesito.  Mis deberes lo exigen y debo ser correspondiente.  Debo mantenerme en esa exigencia de quitarle la dependencia tecnológica a mis estudiantes.  Y bueno...  Este sitio donde me encuentro me pide de vez en cuando disfrutarlo.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Treinta y tres: El camino que se recupera.

Sin afirmar necesariamente que me encontré con un golpe de suerte, me he aventurado en una carrera académica que podría cambiar un poco mi vida, y que a su vez, me permitirá recuperar algo del tiempo que perdí tratando de encontrarle un rumbo a mi existencia.  Saltar una etapa que se consideraba necesaria dentro de la escala de formación académica que existe en este país, ¿...es correcto?  Considero que lo es.

Cierto es, en este momento, que debo esforzarme más de lo necesario y compaginar las obligaciones y deberes propias de mi trabajo con esta maestría.  Encontré la que deseaba y como la podía cursar y aparte de ese esfuerzo, el bolsillo debe resistir.  El no poder cumplir mis anhelos de vida a la edad donde los deseaba, ha facilitado un poco las cosas, y la logística que poseo a mi disposición, es perfecta para cumplir con esos estudios.

Si no me dejo vencer por los obstáculos, en dos años podré celebrar algo que merezco desde hace más de diez.  ¿Podré?  Por supuesto que sí.  Desde lejos, los pocos que guardan algo de simpatía y respeto por este servidor lo piden con todo el corazón.  A esta hora, he entregado un trabajo muy importante y estos contenidos, a pesar de ser muy densos, son necesarios...  ¿Alguien dijo que el que quiere marrones aguanta tirones?

martes, 12 de marzo de 2019

Treinta y cuatro: Los tiempos cambian...

No soy de ese tipo de personas que cree en los cambios a través del tiempo, en especial, los cambios de los conceptos que denominamos "principios".  Hoy, un grupo con el cual trabajo no quiso obedecer una orden tan sencilla como apagar un parlante de esos chinos que funcionan con Bluetooth y como no me gusta desquitarme de buenas a primeras, abandoné la clase.

Me enferma, me entristece y me decepciona que no sigan una instrucción tan sencilla como guardar por dos horas un elemento de esos y disponerse de manera atenta a lo que se trata de enseñar en las clases, como lo aprendí hace veinticinco, veinte y aún menos años.  Esta juventud de hoy, anda más pendiente del teléfono móvil, de los últimos éxitos de ese género musical poco edificante y de las últimas tendencias de la moda, en vez de disponerse para superarse día tras día, para mejorar su entorno y para que en otros lados no digan que son unos montañeros o unos iletrados de vereda.

Al llegar a esta etapa que vivo y trato de disfrutar, me mentalicé esto, que debo transmitir las lecciones de vida que me dieron en mi colegio durante seis largos años, y que no debo permitir que esta generación salga inútil, mediocre e irresponsable como se ha permitido por casi veinte años en la educación pública de nuestro país.  No me gusta la irresponsabilidad de este grupo de estudiantes que manejo y tampoco la alevosía de algunos de sus integrantes; noto además que no siento respaldo por parte de mis compañeros docentes, a pesar de que sin decirlo, los he respaldado y he exigido a varios estudiantes que sean lo suficientemente correctos con ellos.

Sigo insistiendo, no creo en eso de "los tiempos cambian y los principios también".  Pueden pasar los siglos, pero el respeto al maestro, el respeto a las instituciones y el respeto a las personas debe mantenerse.  Como persona, no soy un pintado en la pared y las personas que también comparten la labor conmigo, tampoco lo están.  Es en la juventud donde se muestra la calidad de la persona y si no se es responsable y respetuoso en esa etapa, no se piden milagros en la adultez.

Con el estrés de ese infausto mediodía me quedé, porque no es posible que la juventud no comprenda que debe aprender más cosas en la vida para que pueda desenvolverse en la misma.  Sé que puedo enfermar, pero tampoco puedo darme el lujo de relajarme como si estuviera en una playa esperando a que llueva hacia arriba.  Mi sueldo lo justifico y si tengo que llegar a medidas drásticas, dentro de lo legal y lo socialmente aceptado, lo haré.

"Los tiempos cambian, pero los principios NUNCA".

lunes, 11 de marzo de 2019

Treinta y cinco: Una sonrisa en un mar de preocupaciones.

Anoche quise "tentar a la suerte" e inexplicablemente -¿o de forma esperada?- recibí respuesta en la mañana de hoy.

Quería, porque deseaba hacerlo, pero no podía, porque quise darle tiempo y espacio a esa persona.  Supe hacerlo y supe ser paciente.

Por esa persona, aún sigo en esta etapa.  Se lo prometí en un momento difícil y espero poder seguir cumpliendo.

Hoy inicio el camino a otra edad temida, mis treinta y cinco años de vida.  Así, con una sonrisa, en medio de un mar de preocupaciones y de noticias tristes, ya que las cosas no andan muy bien y en la tarde, una persona conocida de este sitio donde ahora trabajo, sufrió un grave accidente.  De todo corazón, espero que esté muy bien, su hija lo ama y suficiente imagen tuve con sus lágrimas.

Extraño mi casa, hace mucho frío aquí, pero no estoy para quejarme, algo de tiempo estoy recuperando.  Pronto volveré, para disfrutar un rato de sus fiestas.

En fin...  La sonrisa de hoy es un aliciente para seguir adelante.