miércoles, 5 de abril de 2017

Diez: Orinoco Flow.

Enya Patricia Brennan (Eithne Pádraigín Ní Bhraonáin, según su escritura en irlandés), conocida por todos como Enya, es una cantante y compositora irlandesa nacida el 17 de Mayo de 1961 en Gweedore, Condado de Donegal, especialista en el género denominado "nueva era", cuyas melodías se orientan al folclorismo propio de la historia celta.  Inició su carrera integrándose en un grupo formado por algunos de sus familiares, denominado Clannad, pero llegó en un momento bastante álgido, pues su productor, Nicky Ryan, estaba teniendo serias desaveniencias con varios de sus miembros, motivando a una severa reforma.

Desde esa situación, en 1982, Ryan se asocia con Enya para iniciar y potenciar su carrera como solista, añadiendo además a la misma esposa de Nicky Ryan, Roma, quien se prendó de la capacidad innata de Enya para componer y se convirtió en su letrista oficial.  En 1984, lanzó sus dos primeros sencillos, "El viento solar" y "Miss Clare Remembers", incluidos en un disco recopilatorio denominado "Touch Travel".  También tuvo trabajos especiales, como el componer las bandas sonoras de la película "The Frog Prince" y la serie documental "Los Celtas", producida por la BBC.

Ya tenía éxito en las Islas Británicas la protagonista de esta reseña con estos trabajos, pero, en 1988, lanza su álbum "Watermark", que le otorgaría el reconocimiento mundial, obteniendo trece discos de platino, cinco de ellos en Australia.  Se considera este álbum como el inicio de la música de la nueva era, aunque la misma Enya lo negó.  El álbum fue reeditado en 1989 y en el 2009, con relativo éxito comparado con la primera edición, pero, bueno, ya sabemos qué pasó con la carrera de Enya, que después de ocho álbumes, ha logrado consolidarse dentro de este mundo musical y con gran éxito por todo el planeta.

Dentro de "Watermark", este sencillo que compartiré, denominado "Orinoco Flow", es la carta de presentación del álbum.  Coloquialmente, se le conoce como "Sail Away" por la repetición de esta expresión en su letra.  Realmente, rinde homenaje a la casa productora del sencillo, Orinoco Studios y se cree que también rinde homenaje al caudaloso Río Orinoco, al igual que a los productores Rob Dickins y Ross Cullum.

¡Sírvanse escuchar esta grandiosa canción!



 ♫

Let me sail, let me sail,
let the Orinoco flow.
Let me reach, let me beach,
on the shores of Tripoli.
Let me sail, let me sail,
let me crash upon your shore.
Let me reach, let me beach,
far beyond the Yellow Sea.

-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-

Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!

From Bissau to Palau,
in the shade of Avalon.
From Fiji to Tiree,
and the Isles of Ebony.
From Peru to Cebu,
hear the power of Babylon.
From Bali to Cali,
far beneath the Coral Sea.

-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-
-De, de!-

Turn it up, turn it up, turn it up, up, up. 
-Adieu, ohhhh!-
Turn it up, turn it up, turn it up, up, up.
-Adieu, ohhhh!-
Turn it up, turn it up, turn it up, up, up.
-Adieu, ohhhh!-
 
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!

From the North to the South,
Ebudae into Khartoum.
From the deep Sea of Clouds,
to the Island of the Moon.
Carry me on the waves,
to the lands I've never been.
Carry me on the waves,
to the lands I've never seen.

We can sail, we can sail,
with the Orinoco flow.
We can sail, we can sail...
Sail away, sail away, sail away!
We can steer, we can near,
with Rob Dickins at the wheel.
We can sigh, say goodbye,
Ross and his dependency.
We can sail, we can sail...
Sail away, sail away, sail away!
 We can sail, we can sail...
Sail away, sail away, sail away!
 
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!
Sail away, sail away, sail away!

 ♫

martes, 4 de abril de 2017

Once: Branco.

En buena parte de las décadas de los ochenta y los noventa, existió un futbolista gaúcho -se les dice así a los oriundos del sur de Brasil, más exactamente del estado de Río Grande del Sur-, lateral izquierdo, llamado Claudio Ibrahim Vaz Leal, conocido por todos como Branco.  Nacido un día como hoy de 1964 en la ciudad de Bagé, inició su carrera profesional en el Colorado, el Internacional de Puerto Alegre para luego, en 1982, llegar al Fluminense.  En 1986, luego de integrar la selección nacional que participó en el Mundial de México, atiende el llamado del Brescia, donde duró dos años.  Integró al Oporto y al Génova, para retornar en 1993 al eterno rival de los colorados, el Gremio.

Retornó al Fluminense en 1994 para preparar el Mundial de Estados Unidos, el cual ganó con Brasil, y ya con treinta años, inició una correría muy particular por el mundo, resumida en estadías en Corinthians, en Flamengo, un retorno al Internacional, en el Middlesbrough, en el MetroStars de Nueva York, en Mogi Mirim y una última en Fluminense, donde se retiró en 1998, agobiado por serios problemas de sobrepeso.

Es muy recordado, no solo por su excelsa capacidad para disparar desde media y larga distancia, por ser la víctima de los famosos bidones de Bilardo en el Mundial de 1990.  Es el cuarto jugador en su posición con mayor número de partidos con la selección brasilera.  Y para cerrar este texto, los dejo con el gol que lo inmortalizó en la historia.

lunes, 3 de abril de 2017

Doce: Nemocón.

No había decidido incluso a las primeras horas del domingo si saldría o no.  Lo cierto, es que casi sobre la media mañana, decidí viajar.  Quería conocer un poblado cercano a Zipaquirá, pero por poco, el transporte intermunicipal no ayuda, gracias a la falta de planeación de la tripulación, que no había desayunado antes de iniciar su recorrido y casi daña el día.

Sobre las doce y media llegué a Zipaquirá y lo primero que hago, es buscar el "módulo" regional dentro de su terminal.  Allí, salen los móviles a Sopó, a Cajicá, a Tocancipá, a Gachancipá y al destino que quería conocer, Nemocón.  Pasada la una, llegué allá.  Apenas había escuchado cosas sobre ese poblado, en parte por Don Norman, en otra por algunos conocidos.

Sí que quería saber qué ofrece Nemocón.  Descendí del móvil que me trajo cerca al paradero, un poco distante del centro, y como la idea era caminar y conocer, pues, bueno, ustedes saben qué hago ahí.  Recorrí el camino hacia el centro con algo de afán y cuando llegué allá, decidí merendar en una frutería, para también recargar mis aparatos electrónicos.  Debo decir que ese primer recorrido me cansó lo suficiente.

De resto, decidí buscar el camino a las minas de sal.  Me contaron también, que la experiencia al ingresar a ellas es mucho mejor que ingresar a la misma Catedral de Sal de Zipaquirá.  Hay que acotar que la Catedral de Sal es relativamente nueva, ya que la antigua tuvo que cerrarse, en cambio las minas de Nemocón han permanecido en el tiempo.  De cualquier forma, el tiempo apremió y no hubo mucho presupuesto para ingresar a ellas.  Quizá con Don Norman hagamos ese recorrido.

Regresé hacia el centro, y decido tomar el camino contrario al del servicio público para terminar mi recorrido en el ingreso desde Zipaquirá.  Pude ver el mirador, y hubiese deseado también ascender hasta allá.  Vi un poco de fútbol local en el estadio, mientras llegaba el transporte.  Y apenas pasé el cementerio, mi transporte de regreso llegó.  Y era hora de volver a Zipaquirá y a la realidad.  Ojalá pueda volver a Nemocón pronto.

domingo, 2 de abril de 2017

Trece.



En la madrugada de ayer, las lluvias causaron el desbordamiento de varias quebradas que cruzan la ciudad de Mocoa, capital del Putumayo.  Ese fenómeno natural, sumado a la deforestación y a la falta de planeación ante estas situaciones, causaron una tragedia dentro de esta ciudad, arrasando lo que se encontraba a su paso.

La cifra de muertos y de desaparecidos aumenta, cinco barrios han sido destruidos y el Departamento del Putumayo está incomunicado por vía terrestre.  Lamento de todo corazón lo sucedido y sé, que como lo han pedido y expresado nuestras autoridades, que los compatriotas ayudaremos a todos aquellos que se han quedado sin techo y necesitan volver a empezar.

Esta tragedia nos hace reflexionar sobre qué hemos hecho como ciudadanos para proteger el ambiente que nos rodea.  Hoy lamentamos lo que le pasó a Mocoa, ¿mañana a quienes?  Puede ser cualquier ciudad o poblado de este país.  ¿Hasta cuándo dejaremos de jugar con nuestro entorno?

sábado, 1 de abril de 2017

Catorce: Sin planes.

En este poblado alejado y frío, no hay muchas cosas por hacer.  Es tan tranquilo, que parece mi casa un lunes festivo después de las ocho de la noche.  Todos cierran temprano, salvo algunas tiendas que venden cerveza y licores, por lo general, los viernes y los sábados.  Realmente, los pocos planes los proponen los más jóvenes o los compañeros de trabajo.  Y con ellos, casi siempre es el alcohol el que acompaña.

En dos días seguidos, tomé.  Ustedes saben que detesto hacerlo, muy rara vez por gusto propio lo hago.  Y mucho menos, convaleciente.  Me gané un merecido regaño.  Ni siquiera con Don Norman lo hago.  En fin, de a poco me integro con la gente de estos lados, con los pocos que tengo algo de confianza.  Pero, no me gusta esa vía.  No sigo arriesgando así mi salud.

Si así son las cosas, prefiero estar encerrado o viajar.  Esto de no tener un plan que al menos, me saque un poco del ambiente, aburre.